EDITORIAL

Reflexiones sobre el crecimiento de la economía colombiana

No deja de sorprender el crecimiento de la economía colombiana en un 4,3% en el 2010, cuando gran parte del territorio nacional estuvo afectado por un fuerte invierno que dejó más de dos millones de damnificados, miles de hectáreas inundadas, pérdidas de cosechas y semovientes. El efecto causado por la abundancia de las aguas no […]

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No deja de sorprender el crecimiento de la economía colombiana en un 4,3% en el 2010, cuando gran parte del territorio nacional estuvo afectado por un fuerte invierno que dejó más de dos millones de damnificados, miles de hectáreas inundadas, pérdidas de cosechas y semovientes. El efecto causado por la abundancia de las aguas no fue suficiente para afectar el auge en el consumo interno, a lo cual se suma la buena marcha del sector externo por el alza de las cotizaciones de materias primas que tienen a las exportaciones en niveles históricos de crecimiento.
Según el Dane, el aumento del Producto Interno Bruto llegó a 4,6% entre octubre y diciembre de 2010, superando ampliamente las expectativas de los analistas. A lo anterior se agrega la mejora en la producción cafetera y la reactivación de las obras civiles, que tenían a la agricultura y la construcción, con saldo en rojo.
Para destacar el peso de la minería en la buena hora del Producto Interno Bruto. Una vez más, la explotación de petróleo, carbón y oro, impulsaron una actividad que trae un gran impulso agarrado de la mano  con la dinámica que tiene la inversión extranjera.
Es importante anotar que la economía del país goza de una buena base productiva, muy diversificada, por lo que el compromiso hacia adelante es tratar de lograr un equilibrio en las actividades que se realizan, porque es evidente que son desiguales las velocidades de marcha en los distintos sectores económicos.
El principal impulsor de la economía fue el sector de explotación de minas y canteras que creció 11,1% y el de menor desempeño fue el agropecuario que tuvo un crecimiento cero en el total del año. Además, se presentaron crecimientos importantes en comercio, industria manufacturera, transporte y sector financiero. Lo anterior puede interpretarse como un crecimiento diversificado. Es preocupante anotar que a pesar del gran comportamiento de la minería solo genera el 1% del empleo en el país, pero se le abona que estimula de manera significativa el empleo indirecto.
Se menciona en algunos medios de comunicación la llamada “judicialización” de la política agraria por estar ocupada con los problemas de distribución de tierras, restitución de propiedades, administración de bienes del narcotráfico y la atención al manejo del programa Agro Ingreso Seguro, pero en realidad el Gobierno está realizando esfuerzos para ponerse al día y cancelar la deuda moral y social que tiene con el sector rural, con los campesinos y los desplazados por la violencia en todas sus formas, entre otros sectores.
La economía colombiana espera que la locomotora del agro inicie su recorrido y haga su aporte con los vagones cargados de investigación tecnológica, distritos de riegos, vías de acceso, infraestructura complementaria y mucha seguridad. El maquinista es confiable y el país debe notificar a la FAO que estamos lejos de tener crisis alimentarias.
Está claro que para lograr un crecimiento más rápido de la economía colombiana se necesita mayor inversión planificada,  mejorar ampliamente la infraestructura actual para lo cual es prioritario abrir corredores viales, tener más trenes de carga, ampliar los puertos y mejorar la navegabilidad de los Ríos Magdalena, Putumayo y Meta. Además, tenemos que superar varios obstáculos llamados politiquería, corrupción, ineficiencia del Estado y muchos vacíos legales. “Necesitamos  pensar ya no en grande, sino en inmenso”, como recomienda el Ministro de Transporte, Germán Cardona.
Sin negar que el resultado obtenido sea relativamente bueno, Colombia necesita un crecimiento mucho más rápido y sostenible para combatir con mayor contundencia los altos índices de desempleo, pobreza y marginalidad. Eso precisamente es lo que busca el gobierno del Presidente Santos Calderón con su Plan “Prosperidad para todos”…
No obstante, son muchos los obstáculos que el país debe superar, en el mediano y largo plazo, para lograr esas anheladas tasas de mayor crecimiento, ojalá del orden del 6 o del 8 por ciento anual. Pero los obstáculos todavía están ahí, y tienen que ver con las limitaciones en materia de infraestructura, entrenamiento de su fuerza laboral, innovación, visión gerencial  y –lógicamente- mayor capital, insumo básico de la función de producción de toda la economía.
Por lo tanto, lo conseguido hasta la fecha no alcanza para celebrar, pero queda la impresión, en principio, que se está transitando por la vía correcta con la necesidad implícita de “acompasar el ritmo”.

Entre tanto, en la Región Caribe crecemos poco y nuestros ciclos son centenarios para hacerlos realidad: El Cerrejón, Cerromatoso, las Represas de Urrá y del Río Ranchería, mejoras y ampliaciones de los puertos, pero tenemos una eternidad de estar hablando-sin resultados- de Autonomía Regional, del centralismo bogotano, del embalse de Besotes y de la recuperación del “río de la Patria”. Nos dedicamos a fantasear,  no pasamos de las palabras a los hechos y por ineficientes no avanzamos en nuestro desarrollo. ¿Será que solo nos alcanza para cantarles a las sirenas?.

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