EDITORIAL

Observaciones sobre el inicio de los diálogos Gobierno-FARC (I)

Con mucha expectativa vivió el país el inicio de los diálogos entre el gobierno nacional y las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en Oslo, Noruega, tal como estaba previsto, según lo acordado entre las partes y era conocido por el país. Es una buena noticia el inicio de los diálogos; el desarrollo de […]

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Con mucha expectativa vivió el país el inicio de los diálogos entre el gobierno nacional y las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en Oslo, Noruega, tal como estaba previsto, según lo acordado entre las partes y era conocido por el país.
Es una buena noticia el inicio de los diálogos; el desarrollo de la rueda de prensa y esa etapa del proceso ha transcurrido dentro de lo establecido. Sin embargo, consideramos necesario hacer algunas observaciones y reflexiones sólo con el fin de orientar a nuestros lectores sobre el curso de los acontecimientos y el con ánimo de contribuir a la mejor comprensión del proceso, que apenas está comenzando.
Un hecho que condicionará el proceso, para bien o para mal, es que los diálogos son en el exterior, primero en Oslo, Noruega, y luego en La Habana, Cuba, y esto hace que el proceso sea noticia mundial y que la comunidad internacional esté pendiente de los mensajes y posiciones de cada una de las partes y del desarrollo de la negociación.
Tarde o temprano, el mundo debe comprender que el gobierno que rige a Colombia no es una dictadura, sino un gobierno civil democráticamente elegido, y que este no es un país de trogloditas y salvajes, sino que, por el contrario, es una Nación que busca salir del subdesarrollo y mejorar las condiciones de vida de la mayor cantidad de su población.
Y, a la vez, que Europa entienda, por fin, que las FARC no son ninguna institución altruista y de caridad, sino por el contrario una organización violenta y que ha recurrido al terrorismo, para tratar de imponer unas ideas, un modelo de sociedad y de Estado, que está bien distante de las necesidades del colombiano común y corriente, que quiere vivir en paz, trabajar y progresar en sus campos y ciudades.
El país y la comunidad internacional no deben sorprenderse del discurso que expuso las FARC, en Oslo, esa es su visión del país actual. Esa es su visión de la economía política de la Colombia de hoy y –obviamente- tienen que argumentar que están en contra de la economía de mercado, de la inversión extranjera y de muchas de las políticas económicas y sociales de la actual administración. Eso era obvio…
El discurso leído por Iván Márquez sintetiza buena parte del pensamiento de las FARC; ahora, por lo menos es distinto al modelo marxista férreo y obsoleto que ellos defendían hace algunos años.

Si fructifica el proceso de negociación y se logra el ingreso de las FARC a la vida civil; ahí sí, muchas de esas propuestas tendrían que hacérselas al país, pero sin las armas: desde el Congreso, desde las Asambleas y los Concejos municipales y las plazas públicas.
Por supuesto que el país debe buscar instrumentos para construir un modelo económico más incluyente e igualitario, más oportunidades para todos, distribuyendo mejor el Presupuesto Público, con políticas fiscales redistributivas, gasto social más eficiente y efectivo, mejores políticas sociales etc. Pero, precisamente, para lograr todo lo anterior se requiere capital y este lo generan las empresas, y la realidad empírica, en cualquier lugar del mundo, ha demostrado que las empresas eficientes son las privadas y no las públicas, y que para formar empresas se requieren inversionistas que arriesguen su capital, para buscar producir, generar empleo y pagar impuestos, como lo hacen hoy países como la misma Cuba, que a pesar de su modelo socialista busca la inversión privada, en determinados sectores y la estimula y la protege.
En este sentido, fue muy oportuna y acertada la posición del Jefe de la negociación del Estado colombiano, el ex ministro de gobierno, Humberto de la Calle Lombana, en el sentido que el modelo económico no está en discusión, como tampoco la acción del Ejército Nacional, y que las negociaciones se deben ceñir a la agenda previamente acordada y a buscar la reinserción de las FARC a la vida civil, a la política, defendiendo sus argumentos, pero sin el uso de las armas.

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