Así como Jesús cumplió un periplo de sufrimiento a cambio de los pecados de los hombres y las mujeres, hoy debemos hacer un alto en la ruta de nuestras conciencias para reflexionar con fe, ética y valores, frente al propósito de cumplir el compromiso de hacer las cosas correctamente, de manera transparente y ajustadas a la verdad real.
Esta Semana Santa que comenzó ayer con el Domingo de Ramos muestra a un Jesús seguro de cumplir el mandato de Dios, para crear un nuevo estatus religioso en el mundo, basado en el amor y la verdad, con el aval del respeto y la igualdad para todas las personas. Ese hijo del hombre conoció la verdad de que iba a morir por el perdón de nuestros pecados, marcó un hito histórico en la humanidad para que el mundo religioso lo tome como un ejemplo de sus conductas individuales y colectivas.
Ese hombre lleno de valor enfrentó al imperio de todo lo bueno y lo malo y como tal tuvo sus flaquezas, y en esos momentos difíciles se doblegó ante el Padre para pedir su orientación y compañía. El Padre le respondió a Ecce Homo con la templanza de mantenerse incólume frente a la verdad para resolver las distintas vicisitudes del vía crucis que tuvo que enfrentar.
