Así como nació, débil y con opositores, así avanza el proyecto de ley que pretende castigar severamente a los conductores ebrios, más si son responsables de accidentes, y peor si causan muertes por su irresponsabilidad. La semana anterior, en medio de la euforia que causa el inicio de la temporada navideña, los congresistas de las comisiones primeras de Senado y Cámara aprobaron el proyecto luego de podar en un 99% el proyecto que pasó inicialmente el Gobierno nacional.
Esta situación que generó malestar e inconformidad entre los ponentes del proyecto y claro está entre la sociedad colombiana que esperaba que con esta legislación se castigara duramente a las personas que toman el control de un volante después de haber ingerido licor, merece el análisis serio, responsable y detenido de los congresistas. No es justo que de los 23 artículos que contenía el proyecto inicial, solo hayan aprobado uno solo.
Esta semana el proyecto será debatido en las plenarias de senado y Cámara, y sólo un milagro o el cambio de conciencia de los padres de la patria, puede lograr que se retome la esencia inicial del proyecto de ley. Entre los artículos que borraron como si se tratara de un dibujo, eran los que ponían en cintura a los irresponsables que se atreven a conducir embriagados. Si pasa así como va hasta ahora, los conductores ebrios no tendrán casa por cárcel, como se proponía, y además les permitirá a los que hoy están condenados y privados de la libertad disfrutar del beneficio de excarcelación y de rebajas en la pena, como quedó aprobado en un artículo de la Reforma Penitenciaria. Con la cirugía que le hicieron en las comisiones primeras de Senado y Cámara, quitaron las multas para las personas que conducen ebrias, las cuales eran de un porcentaje del valor comercial del vehículo, al igual que la cárcel de 24 horas para ellos y la extinción definitiva del carro.
