Desde hace cinco años el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD- labra en el Cesar varias redes sociales que estaban resquebrajadas y que hoy muestran mayor solidez. Es un trabajo que pasa casi desapercibido ante los ojos de la comunidad, acostumbrada a medir los impactos de las instituciones y organizaciones por las obras tangibles.
En este caso, los intangibles del PNUD son variados y significativos, especialmente en los resultados obtenidos en los procesos de inclusión de la población vulnerable y víctima del conflicto; es decir, se logró cumplir con la apuesta de un escenario más incluyente para las mujeres, afrodescendientes, indígenas, campesinos y víctimas del Cesar.
Lo importante, en este caso, es que estos intangibles se pueden expresar en tangibles, como todo el tema de organización de los consejos comunitarios de la población afrodescediente, su solicitud de titulación de sus territorios colectivos y la elaboración de los expedientes para acceder a la reparación colectiva de estas comunidades que sufrieron el rigor de la violencia; así como la elaboración del plan de desarrollo de la Reserva Campesina de cuatro municipios ceserenses (Pailitas, Pelaya, Curumaní y Chimichagua), así como el plan de retorno de estas poblaciones y el corregimiento de Casacará.
