Uno de los anhelos más grandes de los colombianos es la paz. Durante varias décadas la sociedad ha padecido un conflicto armado, liderado por una guerrilla que se autodefine como marxista-leninista y que dice defender los intereses del pueblo colombiano.
El país ha buscado por varios medios las formas de superar ese conflicto armado. Desde la estrategia del diálogo franco, abierto -y hasta ingenuo-, durante el gobierno de Belisario Betancur, y también en el gobierno de Andrés Pastrana Arango, hasta las fórmulas de mano dura del gobierno de Turbay, y ahora recientemente en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Recordemos que la principal promesa de la campaña de Uribe Vélez era que durante su gobierno iba a acabar con la guerrilla; sin lugar a dudas, se le dieron duros golpes y hoy se puede decir que está debilitada y bajo control, pero no derrotada y la culebra está ahí, vivita, para utilizar una metáfora que le gustaba al expresidentes paisa.
Hay quienes consideran que la estrategia óptima debe ser mantener un pulso firme en materia de seguridad, y la mano tendida a la posibilidad de unas negociaciones encaminadas a lograr la paz con esas agrupaciones. Esta era la tesis defendida por el expresidentes Alfonso López Michelsen, un estudioso del tema, y también por el expresidentes Cesar Gaviria Trujillo.
La semana que acaba de terminar, se conoció un mensaje de las FARC dirigido al gobierno, en el cual esta organización vuelve a plantear la posibilidad de buscar unos escenarios para dialogar de paz con el gobierno del Presidente, Juan Manuel Santos Calderón.
Al cierre de esta edición, desconocíamos una respuesta concreta del Presidente a la comunicación de las FARC, pero consideramos que el actual gobierno no debe echar en saco roto la posibilidad de buscar unos diálogos con esa organización, que permitan, en el futuro, buscar su reaserción a la vida civil y su participación en la política nacional, como sucedió con el M-19, el EPL, el Quintín Lame, entre otras organizaciones que aplicaron la famosa combinación de todas las formas de lucha para buscar un cambio en las estructuras políticas, económicas y sociales de la nación.
Por supuesto, no se trata de caer en la ingenuidad de creer que la paz esté a la vuelta de la esquina, como se pensó en anteriores administraciones, pero si explorar si existen bases sólidas y condiciones de confianza, credibilidad y sinceridad para iniciar un proceso de esa magnitud y trascendencia.
Muchas de las políticas de la actual administración, como la ley de víctimas, la política de tierras, y otras políticas de tipo social de las cuales se está hablando, consideramos que podrían servir para crear unos escenarios de reconciliación que propicien ese diálogo con la guerrilla de las FARC, y también con el ELN.
El hecho que esté en el gobierno una persona como Angelino Garzón, y además como vicepresidente de la República; la participación del Partido Liberal y el Partido Verde en la coalición de gobierno, son factores que bien pueden ayudar a construir un proceso cierto de negociación, que le permita al país superar por las vías del diálogo y la negociación política este conflicto armado que tanto nos ha costado en términos de vida, destrucción y mejores condiciones para el desarrollo económico y social. El gobierno no debe desechar esta posibilidad y debe explorar los caminos ciertos de un proceso de negociación, de manera discreta, prudente y responsable, que pudiera facilitar conseguir esa paz que tanto anhelan los colombianos.
Los caminos de la paz
Uno de los anhelos más grandes de los colombianos es la paz. Durante varias décadas la sociedad ha padecido un conflicto armado, liderado por una guerrilla que se autodefine como marxista-leninista y que dice defender los intereses del pueblo colombiano. El país ha buscado por varios medios las formas de superar ese conflicto armado. Desde […]
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