Los periodistas no tienen fronteras, ni límites para pasar del ejercicio periodístico a causas sociales. Son delgadas líneas, casi que imperceptibles, las que delimitan las pasiones que llevan consigo las personas que ejercen el periodismo. Así era Lolita Acosta Maestre, una mujer que demostró con suficientes méritos su convicción y mística por el periodismo, convirtiéndose en la maestra de los egresados de las facultades de Comunicación Social que llegaban a Valledupar ávidos de enseñanzas.
Sus hazañas en el periódico ‘El Diario Vallenato’, en el que dio riendas sueltas a sus sueños, fueron la muestra del amor y la pasión por el periodismo. Desde esa tribuna sentó posiciones que algunos aplaudieron, pero que otros rechazaron. Su vida corrió riesgo y fue víctima de la violencia, a la que le hizo el quite. Aun así, continúo su tarea, forjando caminos y formando a sus colegas.
Por esas delgadas líneas que dividen el ser del periodista, Lolita Acosta le abrió un gran espacio al folclor, el que llevaba en sus venas desde su infancia cuando en el radio teatro de la emisora Guatapurí deleitaba a los asistentes a las tardes de cantos. De ahí que se destacara en su trabajo a favor del folclor vallenato desde la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, a la que le dedicó gran parte de su vida, y en sus últimos años a la Fundación de Reyes y Juglares y a Los Niños Vallenatos de ‘El Turco’ Gil.
