Una de las improntas del gobierno de Juan Manuel Santos Calderón, ha sido la elección de su equipo de colaboradores, sus ministros, directores de entidades y asesores de primera línea. Santos, en la gran mayoría de su gabinete, ha llevado gente de una gran formación y de mucha experiencia en los asuntos del Estado, y – en general- en el manejo de la cosa pública.
En efecto, eligió a Vargas Lleras para Gobierno; a Juan Camilo Restrepo Salazar en Agricultura, a Rafael Pardo en Trabajo; a Juan Carlos Esguerra en Justicia, y a Juan Carlos Echeverry en Hacienda, para citar sólo algunos casos. Se trata de verdaderos presidenciables.
Y estos nombramientos los hizo el Presidente teniendo en cuenta el perfil de estas personas, más allá de las implicaciones políticas de los mismos, inclusive en su propio partido, el Partido de la U, que hoy es su mayor crítico.
Santos está tratando de aplicar todo lo que investigó, analizó y defendió en vida pública previa a la presidencia y ministerios, en su Fundación Buen Gobierno, relacionados con los principios de la buena administración pública, la eficiencia, la transparencia, la responsabilidad y la búsqueda del bien común.
En ese mismo orden de ideas, en el caso de Valledupar y el Cesar, con la elección de Fredys Socarrás Reales, y Luis Alberto Monsalvo Gnecco, respectivamente, hay una gran expectativa por la escogencia de sus secretarios de despacho, gerentes y directores de entidades públicas y asesores de primer nivel.
La escogencia de un buen equipo de gobierno es uno de los retos más importantes que tienen los nuevos mandatarios. Por supuesto que recibirán presiones de toda clase, principalmente de los grupos y partidos políticos que los apoyaron y de quienes los financiaron, lo cual, hasta cierto punto es comprensible.
Y esa ha sido la tradición en la mayor parte del país, y especialmente en la Costa Atlántica: los grupos que ganan aspiran a gobernar y a tener participación en las administraciones que se inician. Sin embargo, y con todo el respeto que nos merecen ambos mandatarios, el mejor favor que le pueden hacer quienes los apoyaron es dejarlos en absoluta libertad para escoger un buen equipo de trabajo, gente con formación, experiencia e idoneidad para cada uno de los cargos.
Inclusive si se trata de recomendar a alguien, hacerlo con gente que tenga una buena hoja de vida, en la cual pese más su formación, sus valores y su carácter, antes que la filiación política. Los problemas agudos que tiene Valledupar en materia financiera, urbanística, económica y social, para citar sólo algunos, requieren que el alcalde electo se pueda rodear de un equipo de primera línea, de vallenatos y cesarenses con buena preparación y ganas de trabajar por la ciudad con compromiso, responsabilidad y desinterés.
Un planteamiento similar se puede hacer en el caso del departamento del Cesar. Este territorio tiene muchos problemas, algunos más agudos que los del resto del país. Está la situación de los desplazados y los desmovilizados, la pobreza y el desempleo, el tema de los afectados por la ola invernal y – a mediano y largo plazo- la necesidad de adelantar una hoja ruta que lo haga un departamento más productivo y competitivo, y menos dependientes de las regalías con las cuales no contaremos en el futuro.
Los nuevos mandatarios de Valledupar y el Cesar, tienen en el gobierno de Santos Calderón, un buen referente, reiteramos, en el sentido que primero está el interés público de acertar escogiendo gente idónea y capaz, antes que el de complacer a los grupos y movimientos políticos que estuvieron en la campaña. Ambos son personas jóvenes y con un futuro político por delante, y la historia los juzgará por sus programas de gobierno y realizaciones concretas en beneficio de vallenatos y cesarenses, y no por una mala entendida lealtad y complacencia a los amigos de la campaña política.
Liderazgo, equipos y buen gobierno
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