EDITORIAL

Libertad de opinión, pluralismo y democracia

Nuevamente se ha vuelto a plantear el debate sobre el periodismo de opinión en el país; su libertad, su responsabilidad, su credibilidad y su relación con el poder, entre otros aspectos. Un libro interesante y polémico, llamado “Casi toda la verdad”, escrito por la periodista María Isabel Rueda; una columna del escritor Plinio Apuleyo Mendoza […]

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Nuevamente se ha vuelto a plantear el debate sobre el periodismo de opinión en el país; su libertad, su responsabilidad, su credibilidad y su relación con el poder, entre otros aspectos. Un libro interesante y polémico, llamado “Casi toda la verdad”, escrito por la periodista María Isabel Rueda; una columna del escritor Plinio Apuleyo Mendoza Riaño (El Tiempo, viernes 7 de enero), y la polémica virtual entre Daniel Coronel y el ex presidente Álvaro Uribe Vélez, son botones de muestra sobre la vigencia del tema.
En primer término hay que decir que siempre es bueno y sano para la democracia discutir, de manera permanente, abierta y transparente, las relaciones entre los medios de comunicación y el poder; relaciones que son polémicas, por múltiples razones, pero principalmente por cuestiones políticas, por el manejo de la publicidad y la propiedad de los medios de comunicación, entre otros factores.
En su libro, “Casi tota la verdad”, María Isabel Rueda, publica cuatro entrevistas con algunos de los periodistas más poderosos e influyentes del país en los últimos años: Enrique Santos Calderón, Yamid Amat, Juan Gossaín y Felipe López Caballero, y hace un perfil del político y periodista conservador Álvaro Gómez Hurtado, a quien ella considera su mentor en el oficio del periodismo.
El libro, además de las enseñanzas de estos cinco destacados personajes sobre su experiencia en el periodismo, es un buen testimonio sobre la historia contemporánea del país, en estos últimos treinta años y las relaciones de los medios con el poder estatal, con la política, en general; pero también con el poder de los grandes grupos económicos, el poder irregular de la guerrilla, los paramilitares, el narcotráfico; el capítulo del proceso ocho mil y las relaciones entre estos periodistas y el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.
Este es un libro que vale la pena leer y nos permitimos recomendarlo a nuestros columnistas, colaboradores y lectores, en general. En el mismo se ratifican esas relaciones conflictivas entre el poder y los medios, problema que sucede en Colombia, al igual que en toda América Latina y el resto del mundo.
Entre los muchos tópicos tratados en el libro, destacamos la relación entre el diario EL TIEMPO y los distintos gobiernos, desde la época de Hernando y Enrique Santos Castillo, cuando se consideraba que el periódico capitalino, próximo a cumplir los cien años, podría quitar o poner ministros y hasta Presidente de la República. El debate sigue allí: el actual mandatario de los colombianos, salió de las entrañas del diario y su primo-hermano, Francisco Santos Calderón, ex vicepresidente de la república, es ahora director de la cadena radial RCN…
Por su parte, Plinio Apuleyo Mendoza, escritor y periodista, y ex embajador del gobierno de Uribe Vélez, ante el gobierno de Portugal, advertía en una columna en el diario EL TIEMPO sobre su preocupación por el riesgo que en Colombia se esté ejerciendo lo que el llama “un periodismo pasional”, particularmente en las páginas de opinión.
“A la hora de juzgar a un gobierno, se le demuele o se le ensalza. La pasión se impone sobre una visión fría y objetiva de la realidad. Los periodistas tomamos partido a ciegas. Y así, en vez de orientar a la opinión, contribuimos a desorientarla”, dice Mendoza Riaño en su artículo. Y agrega que “no todo es luz o sombra. Necesitamos como nunca un periodismo ponderado y objetivo en vez de un periodismo pasional”.
Es pertinente el llamado de atención de Mendoza Riaño, veterano del periodismo nacional también y escritor con grandes cualidades. Pero, consideramos conveniente agregarle que esa opinión es libre, pero debe ser responsable y esa responsabilidad, desde cualquier ángulo del espectro ideológico, es un compromiso con el lector, que es en última quien decide a quien lee y a quien le cree.  Quien ejerce el periodismo de opinión puede tomar partido, a favor o en contra de un gobierno, pero en uno y en otro caso se arriesga a perder su principal activo: su credibilidad.
De nuestra parte, como medio de comunicación pluralista y abierto, reiteramos que el columnista o articulista, que ejerce el periodismo de opinión, y la mayoría de las veces no es periodista, sino abogado, economista, médico, educador, o tiene cualquier otra profesión, sea de izquierda, o de derecha o de centro; amigo o enemigo de un gobierno (nacional, departamental o municipal), debe opinar y escribir con fundamento, no escribir por escribir…
Se debe opinar con conocimiento de causa, con respeto por las instituciones y las personas, y con el único fin de ilustrar a la opinión sobre temas de actualidad y de interés general, ojalá no sobre historias personales y anecdóticas. Por supuesto, el único límite es la Constitución y la ley; pero debe primar siempre el principio de comentar y opinar de buena fe, hacerlo a conciencia, y buscando el bien común…
En últimas, insistimos, en el periodismo de opinión, son los lectores quienes tienen la opción de leer a todos y – sin tragar entero, porque no lo hacen – analizar los argumentos de uno u otro columnista, sobre tantos y diversos temas y sacar sus propias conclusiones.

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