EDITORIAL

Las Farc, entre la guerra y la salida negociada

Nuevamente las FARC vuelven a ser noticia. Esta vez por dos hechos aparentemente contradictorios: de una parte la liberación de diez personas, entre policías y militares, hecho que alegró al país, en general,  y en particular a los familiares de estas servidores de la patria que llevaban, en algunos casos, hasta 14 años secuestrados. Pero, […]

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Nuevamente las FARC vuelven a ser noticia. Esta vez por dos hechos aparentemente contradictorios: de una parte la liberación de diez personas, entre policías y militares, hecho que alegró al país, en general,  y en particular a los familiares de estas servidores de la patria que llevaban, en algunos casos, hasta 14 años secuestrados.
Pero, de otra parte, las FARC siguen con acciones terroristas y con mensajes como el conocido de Iván Márquez, en las últimas horas, y que reseñamos en la presente edición. Es la forma de actuar de esa agrupación y por eso el país no se puede llamar a engaños… Hoy reiteramos lo que habíamos advertido hace algunos días, en el sentido de interpretar con cuidado esos mensajes contradictorios de las FARC.
Recientemente, por medio de una carta de alias Timochenco, jefe de esa organización, a la señora Marleni Orjuela, de Asfamipaz, y otros mensajes de alias Iván Márquez, mostraban, de una u otra forma, un cambio de actitud de las FARC frente al conflicto y los escenarios de la guerra que ellos vienen librando.
Con ocasión de la liberación de estas personas, y también por la misma Semana Santa, algunos prelados de la Iglesia Católica,  y otras personas de talante progresista, bien sea liberal, demócrata o de izquierda, han vuelto a hablar de buscar escenarios de negociación para una salida política al conflicto que sufre el país.
No obstante lo anterior, hoy insistimos en que los mensajes de las FARC deben ser leídos e interpretados con mucho cuidado. Es cierto que hay problemas de confianza y  algunos creados por ellos mismos, luego del proceso del Caguán, durante el gobierno del Presidente Andrés Pastrana, cuando el Estado y la sociedad colombiana le dieron una gran amplitud a una negociación abierta y sincera con esa organización, que desaprovechó esa oportunidad histórica de negociar una salida política.
Es amplia la literatura que nos recuerda que no fue la primera vez que las FARC hacen lo mismo, en el caso del gobierno de Belisario Betancur también fue tímida su actitud frente al diálogo y en medio de ese proceso a medias  se produjo el exterminio de la Unión Patriótica, por parte de los grupos de extrema derecha y el paramilitarismo.
Después de Betancur vino el gobierno de Turbay Ayala y el país optó por la mano fuerte, la salida solo militar. El Presidente Barco se la jugó también por la salida negociada y algunos grupos, entre ellos el M-19 fue el más importante, le apostaron a la negociación y todavía hoy están recogiendo sus frutos: llegaron a la Constituyente del 91, al Congreso, a Ministerios y hoy tienen la Alcaldía de Bogotá, considerado el segundo cargo más importante del país.
Después de Pastrana, llegó Uribe Vélez y volvimos a la política de mano dura y a insistir en la opción exclusivamente militar, política que ha rendido sus frutos en materia de seguridad pero que no logró acabar con las FARC, que era el gran objetivo.
Teniendo en cuenta esos antecedentes, como bien lo han anotado un grupo de intelectuales progresistas, con el Presidente Juan Manuel Santos, y ante los escenarios que abren las FARC, se puede explorar, insistimos, con la debida discreción y prudencia unos escenarios de negociación con esa agrupación guerrillera y también con el autodenominado Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Consideramos que el tema de la solución a ese conflicto armado, no se puede dejar caer en el falso dilema de salida militar o negociación política, como se dice popularmente las propuestas de halcones (militaristas) o palomas (pacifistas), sino que se debe estructurar una política que sin debilitar el accionar militar, dentro del respeto a la Constitución, la ley y las normas  del derecho internacional humanitario, tenga a la mano la opción de la negociación política, como puede ser el caso en la actual coyuntura. Por supuesto, sin incurrir en ingenuidades…
Ha dicho, ahora, el señor Iván Márquez, que esa agrupación no está acabada, y que ese mensaje es parte de la propaganda oficial. No se trata de hacerle la apología a Márquez, pero esta tiene mucha razón…
Reiteramos que la construcción de la paz, luego de una negociación con las FARC, el ELN y quizás otros grupos, es un tema complejo, costoso y difícil que implica muchos cambios en la visión y el accionar del Estado colombiano, en su conjunto, y de algunos sacrificios de la sociedad en temas de apertura política, cambios económicos y equidad social.
El asunto, insistimos, no se puede llevar al esquema simplista de halcones o palomas. Por el contrario, debe ser una política integral militar, jurídica y social que le brinde legitimidad al Estado y a su rol es una sociedad post-conflicto y estos escenarios no están a la vuelta de la esquina.

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