EDITORIAL

La revisión de los costos de los servicios financieros

Una interesante y oportuna polémica se ha planteado entre algunos funcionarios del gobierno nacional y varios dirigentes gremiales del sistema financiero, sobre los costos de muchos de los servicios de este sector. En efecto, el Ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, ha dicho a varios medios de comunicación nacional que considera exagerado algunos de los […]

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Una interesante y oportuna polémica se ha planteado entre algunos funcionarios del gobierno nacional y varios dirigentes gremiales del sistema financiero, sobre los costos de muchos de los servicios de este sector.
En efecto, el Ministro de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, ha dicho a varios medios de comunicación nacional que considera exagerado algunos de los costos de estos servicios y ha anunciado que su despacho tomará cartas en el asunto, a la mayor brevedad. Por su parte, María Mercedes Cuéllar de Martínez, presidente de la Asociación Bancaria, uno de los gremios más importante del sector, ha rechazado las declaraciones del ministro y ha defendido la razonabilidad de los costos en mención.
Sea esta la oportunidad para recordar que, en estas mismas páginas, en anteriores oportunidades, hemos señalado la importancia del tema y consideramos saludable, reiteramos, que se presente el debate de cara al país y con toda la objetividad y el análisis del caso.
En primer lugar, hay que volver a definir que Colombia es una Nación  que requiere una mayor bancarización, es decir que muchos más sectores de la población entren al sistema financiero para beneficiarse de este instrumento clave de la economía moderna. Y muchos de esos sectores, como las personas de estratos uno y dos, los pequeños negocios, las mipymes, etc., sólo pueden entrar con unos costos razonables y accesibles.
En segundo término, hay que tener claro que hoy existen factores, como el famoso cuatro por mil, que representa una importante fuente de ingresos tributarios para el gobierno, pero que altera de manera sustancial el sistema de pagos de la economía.
Por la permanencia del cuatro por mil, que se presentó al principio como un impuesto temporal, millones de colombianos prefieren manejar su dinero en efectivo y esto ha aumentado la desintermediación bancaria; en otras palabras, muchos negocios de varios sectores prefieren estar por fuera del sistema bancario.  Este es un tema que hay que revisar y que es ajeno al sistema bancario, y es un asunto de política tributaria y como tal debe ser planteado por el Gobierno Nacional en el Congreso de la República.
Igualmente, hay que hacer claridad que no se trata de estigmatizar al sector bancario, ni más faltaba. El sector bancario y el financiero, en general, juegan un papel muy importante en la economía actual y así tiene que comprenderlo el país. Hay que vigilarlo bien, cuidar su salud económica y regularlo de manera adecuada y oportuna, como ha sucedido en Colombia que cuenta con una tradición de supervisión bancaria que es ejemplo en el mundo.
No obstante lo anterior, es necesario revisar a fondo la canasta de costos del sector y determinar si es razonable, en comparación con estándares internacionales lo que hoy se cobra por una transacción bancaria, por el manejo de una cuenta de ahorros o de una cuenta corriente y los valores de las comisiones de las tarjetas débito y crédito, entre otros costos, para plantear sólo algunos ejemplos. Son muchos los ciudadanos que perciben que estos costos son exagerados y – por eso mismo- prefieren seguir manejando su plata debajo del colchón, como lo hacían nuestros abuelos.
El tema de los costos de los servicios financieros, que hoy representan casi la tercera parte de las utilidades de los bancos, se debe plantear de cara al país, en el Congreso de la República, donde se debería escuchar a los empresarios, a los comerciantes, pero principalmente a los usuarios que hoy, en la práctica, no tienen representación.
En la misma discusión debe plantearse el manejo regional del sector, que sigue dependiendo de Bogotá en sus decisiones y esto dificulta el acceso al crédito a muchos sectores y clientes, en regiones como la Costa, en especial el Cesar y la Guajira, ya que muchas veces la respuesta a una solicitud debe hacerla un funcionario en Barranquilla o Bogotá, que poco conoce al cliente en referencia.
Y el debate debe ser sin prejuicios, abierto, con altura  y con argumentos, con el fin de adoptar las regulaciones del caso en un sector fundamental para el desarrollo económico del país y que esta llamado, también, a favorecer una mayor democratización del crédito y del resto de sus servicios, insistimos, a muchos sectores que hoy están por fuera del mismo y que así lo requieren.

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