EDITORIAL

La ratificación de un mal precedente

La justicia ecuatoriana ratificó una decisión contra el diario El Universo, uno de los más importantes de este país, decisión que constituye, debemos reiterarlo, un atentado contra la libertad de prensa y un grave precedente para toda América Latina. En efecto, la Corte Nacional de Justicia acaba de confirmar una sentencia contra este prestigioso e […]

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La justicia ecuatoriana ratificó una decisión contra el diario El Universo, uno de los más importantes de este país, decisión que constituye, debemos reiterarlo, un atentado contra la libertad de prensa y un grave precedente para toda América Latina.
En efecto, la Corte Nacional de Justicia acaba de confirmar una sentencia contra este prestigioso e histórico diario del hermano país, condenando a pagar una sanción de 40 millones de dólares y 36 meses de cárcel a tres de sus editores, a raíz de una polémica con el Presidente Rafael Correa, quien demandó al diario por injuria y calumnia.
La decisión de la justicia ecuatoriana, insistimos, propiciada desde el ejecutivo, representa un grave precedente y un mal ejemplo para el resto de América Latina, por cuanto significa, ni más ni menos, un atentado contra la libertad de prensa y de expresión.
Desde nuestra modesta condición de diario regional de Colombia, condenamos este atentado contra la libertad de prensa, que ya ha sido condenado por la Sociedad Interamericana de Prensa, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y hasta la ONU, entre muchos otros diarios de  América Latina y el Mundo, que ven con horror como en un pequeño país se puede establecer el delito de opinión y buscar acallar a un importante medio de comunicación con una altísima multa económica y la cárcel para directivos y autores de una columna de opinión.
De nuevo se ratifican los riesgos sobre la prensa en América Latina. El tema de las amenazas contra la libertad de prensa son como un fantasma (pero real) que va y vuelve, pero que está allí asediando a las imperfectas democracias de esta parte del mundo.
También es preocupante el caso de Venezuela, de todos conocidos: el Presidente Hugo Chávez, ha demostrado que es poco amigo del periodismo libre y que, por el contrario, prefiere una prensa a su servicio, así sea a la brava haciendo uso del poder oficial, propietarios de los canales de radio y televisión.
El mundo sabe que el ex coronel, hoy enfermo y con pronóstico reservado, ha sido un perseguidor de los medios y de los periodistas que se atreven a criticar su obra de gobierno.
Así lo han denunciado los directivos de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en distintas partes del mundo, comenzando por el colombiano Enrique Santos Calderón, ex director de EL TIEMPO, y un maestro del oficio.
Los diarios de América Latina y los periodistas de este subcontinente deben rechazar, nuevamente, este grave hecho, que merece todo el repudio de los demócratas y liberales que reconocen la importancia de una prensa libre; además sienta un mal precedente y que esperamos que no siga prosperando en estos países y menos en Colombia, donde debemos luchar diariamente para defender escenarios para ejercer el periodismo con libertad.
Hoy debemos volver a insistir, desde estas páginas, de manera reiterada, en que la libertad de prensa no es ningún privilegio de los periodistas y los medios de comunicación, sino que por el contrario es un instrumento de la sociedad para garantizarles a los ciudadanos el sagrado derecho a la información, elemento esencial de la democracia moderna.

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