EDITORIAL

La jornada de protesta y las reformas sociales

Un nuevo ambiente recorre el mundo en materia de protesta y expresión política de la juventud. Tanto en Europa como en Estados Unidos se vienen presentando movimientos contra los excesos de la especulación en el sistema financiero. También en América Latina, en particular en Chile, y ahora en Colombia, desde hace varias semanas, se vienen […]

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Un nuevo ambiente recorre el mundo en materia de protesta y expresión política de la juventud. Tanto en Europa como en Estados Unidos se vienen presentando movimientos contra los excesos de la especulación en el sistema financiero. También en América Latina, en particular en Chile, y ahora en Colombia, desde hace varias semanas, se vienen registrando importantes manifestaciones sociales a las cuales hay que prestarle la debida y oportuna atención.
Se trata de una manera espontánea de decirle al Estado que es lo que afecta y le molesta a la gente, a pesar de que en cada caso los motivos de la protesta son distintos. Acá en Colombia, el punto central es la política educativa, en particular el proyecto de reforma al nivel superior, sin desconocer la grave crisis de la salud y otros temas del área social, que implicarían revisar algunos aspectos de las actuales políticas públicas.
Al movimiento fresco de los universitarios que piden, en términos generales, un fortalecimiento de la educación pública, acceso y gratuidad, se ha vinculado también la Federación Colombiana de Educadores, y otros sindicatos, que han convocado para hoy una Jornada Nacional de Protesta.
Sin duda ha cogido mucho auge la protesta estudiantil, quizás no de la magnitud de la que se ha desarrollado en Chile, más centrada en el tema de la defensa de la educación pública, pero igualmente importante.
A la par se han registrado ciertos brotes de malestar social, principalmente en algunas zonas mineras, originadas por el dominio sindical de estos trabajadores, más que por el incumplimiento de normas legales o mejoramiento de condiciones laborales para los trabajadores.
Ayer, después del medio día, el gobierno, a través de la Ministra de Educación, María Fernanda Campo, anunció que estaba dispuesto a retirar el proyecto, para discutir y aplazar su presentación en una próxima legislatura, con el fin de salvar el actual semestre en las universidades públicas y concertar el proyecto de reforma a la Ley 30 de 1992.
Inclusive se conoció que el propio Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón, estaría dispuesto a reunirse directamente con los estudiantes para instalar una mesa de discusión sobre la reforma  a la educación superior. Con estos mensajes el gobierno da una mala señal; el orden de las cosas debió ser primero un proceso de concertación con estudiantes y profesores, hasta donde fuera posible, antes de llevarlo a consideración del Congreso de la República, que está obligado por el Constitución y por ley a escuchar a todos los estamentos.
Con esta Jornada Nacional de Protesta, y en medio de este ambiente de incertidumbre, se le da la bienvenida al nuevo Ministro de Trabajo, Rafael Pardo Rueda, quien tiene unos grandes retos por delante en materia económica y social.
Nuevamente, llamamos la atención al movimiento estudiantil para volver a clases, seguir la discusión de la reforma y otras formas de protesta, pero evitando la violencia y sin afectar el desarrollo de la jornada académica, que tiene serios y costosos efectos para el gobierno, para los estudiantes y sus familias. Ojalá la jornada de protesta de hoy se lleve a cabo de manera tranquila y pacífica, como debe ser.
Insistimos, a pesar de los mensajes del gobierno, en que el país requiere una reforma profunda en su sistema de educación superior, con el fin de ordenar el sector, fortalecer la educación pública, mejorar su financiamiento y buscar nuevas formas de gobierno y de autonomía, inspección, vigilancia y control que permita mejorar la cobertura, la calidad y la pertinencia de la educación superior que actualmente se imparte en Colombia. Lo que hoy tenemos, en muchos aspectos, es perpetuar un sistema mediocre, costoso y que no estimula una mayor calidad en la misma.

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