EDITORIAL

La crisis pasa su cuenta (I)

La crisis política generada por la fracasada reforma a la justicia pasó rápido su cuenta a los actores de la misma: las tres ramas del poder público: el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En efecto, la caída en la imagen favorable y el aumento de la desfavorable, del Presidente de la República, el Congreso […]

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La crisis política generada por la fracasada reforma a la justicia pasó rápido su cuenta a los actores de la misma: las tres ramas del poder público: el ejecutivo, el legislativo y el judicial.
En efecto, la caída en la imagen favorable y el aumento de la desfavorable, del Presidente de la República, el Congreso de la República y la rama judicial, ratifica la magnitud de la crisis, como lo demuestra la última encuesta de Invamer Gallup, publicada esta semana.
La imagen favorable del Presidente Juan Manuel Santos cayó del 64 en abril, al 48 por ciento, en junio de este año; y entre tanto la imagen desfavorable subió del 27 al 43 por ciento, en el mismo periodo. En esta caída de la opinión de Santos está pesando, además del tema de la crisis por la reforma a la justicia, los problemas en materia de seguridad ciudadana y orden público, la crisis de la salud y la desaceleración económica, entre otros factores, según han explicado los expertos en estos estudios.
En el caso del Presidente Santos Calderón, el tema no es solo un problema de manejo de imagen y las comunicaciones, sino que tiene que ver con temas políticos y con el manejo de las relaciones con el Congreso de la República, la comunicación y el tratamiento a distintos sectores del país y a las regiones, en nuestra opinión. El Presidente Santos tiene un estilo distante y frío, que hace parte de su manera de ser y de gobernar, pero que quizás no es el más adecuado para un país como Colombia, acostumbrado a un excesivo presidencialismo y a la imagen de todero y micro-gerente de Álvaro Uribe Vélez, quien tenían una gran capacidad para comunicarse con el pueblo y aún hoy, a pesar de haber dejado el gobierno hace más de año y medio, conserva una imagen favorable del 64 por ciento, similar a la del Ministro Vargas Lleras a quien lo ha ayudado mucho su presencia en los medios y el tema de la vivienda de interés social.
Los resultados de esta encuesta deben interpretarse como un campanazo al Presidente y su equipo de gobierno. Sin bien las encuestan son un instrumento de medición de la opinión y ellas no deben ser el único referente para gobernar, si hay que saberlas interpretar y tenerlas en cuenta. Quizás este sea el momento, cuando se aproximan dos años de gestión, de hacer varios ajustes, incluyendo el cambio de algunos ministros, directores y asesores y también precisando cuales son los mensajes principales de la administración. El país nacional ha visto que hoy el Presidente dice una cosa, pero mañana hace otra y así, también, ha sucedido con varios de sus ministros.
Las comparaciones son odiosas, pero hay que hacerlas, su antecesor sólo se concentró en tres mensajes: seguridad, confianza inversionista y cohesión social, y los mantuvo desde el principio hasta el final, y ahí están los resultados, por lo menos en materia de opinión pública e imagen. El gobierno nacional debe definir sus objetivos centrales, sus principales mensajes y concentrar en ellos su esfuerzo y el de todo su equipo, y entre esos puntos deben estar, entre otros, el tema de la seguridad ciudadana, el manejo de la economía y la política social, que pasa por una crisis evidente. De nuestra parte, insistimos, nos gustaría ver un presidente más cálido, más cercano al pueblo y a las regiones, y menos concentrado en Bogotá.
El fenómeno de la caída de la imagen también afecta al Congreso de la República, a las altas cortes y toda la rama judicial, principalmente; pero también es pertinente analizar que pasó, en el mismo lapso con la imagen de otros líderes e instituciones y por lo tanto volveremos sobre este tema en otra oportunidad.

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