Hace pocas semanas el Concejo Municipal solicitó una revisión del contrato y prestación del servicio de aseo en Valledupar al poner en evidencia durante un debate que duró más de cinco horas, algunas inconsistencias e irregularidades con dicho contrato, relacionadas especialmente con las pírricas utilidades que recibe Emdupar, que al final de cuentas debería ser la entidad más beneficiada, o en el mejor de los casos la que prestara ese servicio como ocurría en la década del 90.
El aseo de Valledupar que fue concesionado a 20 años -desde el año 2000- como pasó con el Tránsito y Amoblamiento Urbano, a la empresa Aseo del Norte que a su vez subcontrató a Interaseo como operador, es otro de los ‘nudos’ que debe desamarrar el alcalde Freddys Socarrás Reales. Primero porque la eficiencia del servicio no es su fuerte, como si lo fue y eso hay que reconocerlo, en sus primeros años, y segundo porque como negocio el Municipio lleva las de perder. ¿Tiene sentido seguir en un negocio así?
Además del contrato, el negocio como tal y las irregularidades que denuncian los concejales, está el usuario que es el más beneficiado o perjudicado con un servicio que cada día empeora. Las calles de la ciudad son prueba de ello. La basura está a la vista de todos, los carros recolectores cumplen a medias con sus recorridos debido a que sus condiciones técnicas no son las mejores, en muchos casos se pueden recorrer más de tres cuadras en pleno centro de la ciudad y no se consigue una cesta de basura (así se lo hizo saber un turista a los periodistas de EL PILÓN).
