Si el gran escritor español Miguel de Cervantes Saavedra, quien contribuyera al engrandecimiento de la lengua española por su obra maestra ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha’, resucitara hoy y observara como han deformado el idioma, no resistiría tantos disparates y moriría de nuevo.
La novela ‘Don Quijote’, publicada en el año 1605, logró consolidar el idioma español y su autor alcanzó la cima de la gloria de la Literatura Universal, compartiendo honores con Homero, Dante y Shakespeare. Han pasado más de cuatro siglos y el español se ha posesionado de tal manera en el mundo, que es la segunda lengua más importante y la tercera más hablada con 400 millones de habitantes nativos, según lo afirma el Ministerio de Educación.
El español es un idioma en movimiento, en constante cambio, no es estático, tanto que la Real Academia Española –RAE- ha incluido vocablos que décadas atrás eran considerados un irrespeto al idioma. Y aunque estas transformaciones y variaciones son aceptables y normales que ocurran, lo que vivimos hoy toca fondo. ‘Ola k ases’, ‘ke kieres’, ‘kiubo’, ‘T kiero, entre otras tantas ‘adaptaciones’ hechas especialmente por los jóvenes que han reducido su comunicación a las redes sociales, donde le han dado vida a un nuevo idioma (vale la pena aclarar que la herramientas tecnológicas para comunicarse y difundir ideas u opiniones son bienvenidas, lo que no se justifica es el atropello del idioma a través de ellas).
