La provincia vallenata, la de Padilla, se extendía hasta Riohacha. Es ver los mapas del viejo departamento del Magdalena hace 60 años. Lo que llamaban entonces La Guajira, al norte, se confundía con el distrito del mismo nombre en la hermana Venezuela. Cuando se creó el departamento de La Guajira, antes que el Cesar, esa delimitación, para muchos arbitraria, cobijó hasta Villanueva. ¿Esa digresión qué tiene que ver?
García Márquez ha muerto y lo despedimos como paisano. No es fácil decir más de cuanto se ha dicho, empezando porque los diarios del mundo desde América hasta el Asia, destacaron la noticia en primera página.
Recordamos en el reciente centenario de Alfonso López Michelsen que al vallenato y a su Festival, lo hicieron la enjundia de Consuelo Araújonoguera, el poder y las relaciones de López y la magia de Escalona y García Márquez. Éste tuvo una particular curiosidad por la capacidad creativa de los compositores vallenatos, de cómo meter unas palabras, echando un buen cuento, en los compases de la música y la métrica. Ese vallenato narrativo, contador de historias, el periodismo ambulante de nuestros juglares, acompañados por versos de medida, ritmo y rima. El vallenato clásico de Rafael Escalona, Luis Enrique Martínez, Armando Zabaleta, Emiliano Zuleta o Alejandro Durán.
