EDITORIAL

Elegía para Cecilia Meza Reales

Afirman los investigadores y conocedores de la música vallenata que esta nació y se desarrollo en el mundo del trabajo de los hombres del campo. Así está en los trabajos de Ciro Quiroz Otero, Consuelo Araujo Noguera, Julio Oñate Martínez, entre otros. En efecto, la letra sencilla, la melodía monótona y la cosmovisión de las […]

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Afirman los investigadores y conocedores de la música vallenata que esta nació y se desarrollo en el mundo del trabajo de los hombres del campo. Así está en los trabajos de Ciro Quiroz Otero, Consuelo Araujo Noguera, Julio Oñate Martínez, entre otros.
En efecto, la letra sencilla, la melodía monótona y la cosmovisión de las primeras canciones del vallenato son productos de los cantos de vaquería y la vida rural. El acordeón mismo es un instrumento de los campesinos en distintas partes del mundo y quizás por ello llegó y se quedó por estas tierras, hace más de cien años.
En ese mundo machista, de hombres rudos, aventureros, parranderos, enamorados y andariegos, surge esa música que hoy llamamos vallenato. El hombre era el centro de la vida social y era él, el varón, el que le cantaba a la mujer, a la vida, al amor, a la naturaleza, a la amistad, etc. En ese contexto, surge la mujer en la música vallenata con Cecilia Meza Reales, Rita Fernández Padilla y otras que integraron, una verdadera osadía, en su momento, la agrupación “Las Universitarias”.
Ese atrevimiento de esas bellas y jóvenes mujeres calló no como una “gota fría”, sino como un balde de agua fría, pero fue bien recibido en Valledupar, la Costa Atlántica  y lo que era el mundo de esa música que apenas estaba naciendo. Eso fue antes del primer Festival de la Leyenda Vallenata.
Y fue una joven y bella vallenata, Cecilia Meza Reales, hija de dos vallenatos raizales: Ciro Meza Monsalvo y Aura Reales, la encargada de darle un bálsamo a la música vallenata con una melodiosa y linda voz, con una interpretación auténtica pero distinta, a la vez, del acordeón, producto de una dinastía que muchos años después fue reconocida en la región y en el país, cuando sus hermanos menores, Ciro y Álvaro Meza Reales, se coronan como reyes de la música vallenata, cada uno en su momento.
Cecilia Meza no sólo fue pionera de la interpretación femenina de la música vallenata sino una firme defensora del vallenato auténtico, costumbrista y también del vallenato romántico que nacía en esos momentos.
Ayer, en la Iglesia de Las Tres Avemarías, que fue su parroquia toda la vida, Valledupar, la ciudad a la que tanto amó y tanto le cantó, le dio su último adiós a Cecilia Meza Reales, quien falleció el pasado martes en Bogotá, donde había vivido en los últimos años.
En medio de cantos vallenatos y melodías de acordeón. En la Iglesia, un grupo de amigas y familiares, entre quienes estaban Rita Fernández Padilla, Stella Durán Escalona, Lucy Vidal, Lourdes Baute, Soraya y Alma Gutiérrez, entre otras, entonaron algunas de las canciones que más le gustaban a la inolvidable “Ceci” y otras en su honor.
La Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata exaltó su memoria, y sus aportes a la música vallenata, como cantante y acordeonera aficionada y también difusora y defensora de esta música. La Universidad Popular del Cesar también expidió una resolución de exaltación para Cecilia Meza, quien fuera funcionaria de esa institución educativa, luego de laborar en el Colegio Nacional Loperena y el Ituce.
Pero, además de estos honores, cientos de amigos y amigas, paisanos y paisanas, le expresaron su cariño a Ceci y a la familia Meza Reales. Fue un reconocimiento a su cariño, a su alegría, a su don de gentes y a su ejemplo vital, como hija, como hermana, madre y amiga. Estamos seguros de que su aporte a la música vallenata es un ejemplo para los nuevos exponentes de estos cantos y estos aires.  Adiós a Cecilia Meza Reales, la sencilla, noble y alegre Ceci. Paz en su tumba.

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