Una nueva palabra entrará a formar parte del leguaje diario de los colombianos: TLC, la sigla del Tratado de Libre Comercio firmado entre Colombia y los Estados Unidos, que acaba de ser aprobado por el Congreso de ese país.
Sin lugar a dudas, el 12 de octubre será un día histórico para Colombia, esa fecha marcará en dos la historia de la economía nacional.
Este tratado firmado entre nuestro país y la economía más rica y poderosa del mundo, tendrá múltiples y distintas consecuencias en los diversos sectores del aparato productivo nacional. Sus efectos serán mixtos, ya que el mismo tiene muchas posibilidades y oportunidades, pero también muchos, pero muchos, riesgos, algunos de los cuales todavía no han sido plenamente reconocidos y cuantificados.
La firma de este tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Colombia, cuya gestión se le debe reconocer al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, busca más mercados para la producción nacional, diversificar las exportaciones y – en últimas- lograr mayores tasas de crecimiento económico y más empleos. El crecimiento en el PIB se estima en uno o dos puntos adicionales.
Y en efecto, representa muchas nuevas oportunidades de negocios para los diversos sectores y para miles de empresas, a lo largo y ancho del país, incluyendo el departamento del Cesar. Los primeros beneficiados serán los consumidores, el ciudadano común y corriente, en general, que ahora tendrán la oportunidad de acceder y comprar productos más baratos, de reconocidas marcas y de buena calidad.
También muchos productores (empresarios) podrán acceder, en el nuevo escenario, a materias primas y equipos más económicos, de calidad igual o superior a la que ahora utilizan. Esto significa que también crecerán las importaciones de equipos y materias primas para la industria y el sector agropecuario.
No obstante, el TLC también representa serios riesgos; principalmente para el sector agropecuario, los cuales tendrán un efecto directo acá en esta región del Cesar y la Guajira. De allí las legítimas preocupaciones y quejas de los cultivadores de arroz, cereales y de los ganaderos, entre otros.
Y para muchas ramas de nuestra industria también representa nuevos y serios riesgos. Indudablemente, muchas empresas tendrán que reorganizarse y proyectarse en estos nuevos escenarios o desaparecer. La industria nacional ahora tendrá que ser más eficiente, productiva y competitiva para poder afrontar la avalancha de producción extranjera que se nos viene encima. Habrá más competencia y ese será el nombre del juego: competir o desaparecer
Le corresponde al gobierno del Presidente Santos la tarea de traducir, divulgar y socializar, como se dice ahora, el texto del TLC, por cuanto hoy, muchos, miles, de empresarios no lo conocen.
Pero eso es lo de menos, son asuntos de forma; lo demás, el asunto de fondo, es que al país, en su conjunto, gobierno, empresarios, trabajadores y sector académico, le corresponde adelantar una gran tarea de reorganizar a muchos sectores y áreas de nuestra economía, como las carreteras, puertos y aeropuertos, entre otros, al nuevo e inédito escenario económico del TLC.
Para el caso de departamentos como el Cesar y la Guajira, a los nuevos gobiernos territoriales, que resulten elegidos el próximo 30 de octubre, y a los gremios y empresarios les corresponderá adoptar programas de contingencia en distintos frentes y con recursos oficiales y privados para hacerle frente a estos nuevos escenarios que cambiarán, para bien o para mal, muchos aspectos de nuestra economía regional. La consigna es prepararse para competir, pero una cosa es decirlo y otra es hacerlo…
