EDITORIAL

El TLC, la agenda interna y las regiones

Con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) Colombia- Estados Unidos se abren nuevos espacios para las relaciones entre los dos países y para la economía nacional. Son escenarios que, sin lugar a dudas, tienen sus oportunidades y tienen sus riesgos, principalmente para nuestro país. En efecto, Colombia tendrá ahora mayores y mejores posibilidades […]

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Con la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) Colombia- Estados Unidos se abren nuevos espacios para las relaciones entre los dos países y para la economía nacional. Son escenarios que, sin lugar a dudas, tienen sus oportunidades y tienen sus riesgos, principalmente para nuestro país.
En efecto, Colombia tendrá ahora mayores y mejores posibilidades de acceso al mercado más poderoso y rico del mundo, con una población superior a las 300 millones de personas y un ingreso per-cápita superior a los 45 mil dólares anuales. Esto, en plata blanca, representa más oportunidades de negocios para muchos sectores del país, principalmente del área industrial y – parcialmente- de la agroindustria.
Sin embargo, el país debe recuperar el tiempo perdido, en estos cinco años, y revisar, pronto y con carácter urgente, la famosa “Agenda Interna”, para adecuar algunos aspectos de su economía y su institucionalidad a esos nuevos escenarios; y así se lo hicieron saber, con toda razón, un grupo de empresarios  y dirigentes gremiales, encabezados por el Presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas, al propio Presidente de la República, Juan Manuel Santos Calderón. “Se necesita una agenda de competitividad de verdad”, le dijo Villegas a Santos.
Los espacios inéditos que abre el TLC ratifican la gran responsabilidad que tienen los sectores público y privado. Hoy más que nunca es cierto que se requiere trabajar de manera planeada y sincronizada, en todos los aspectos relacionados con esa agenda interna, cuyas principales puntos de referencia deben ser: mayor productividad y competitividad.
Los empresarios, en particular, y los dirigentes gremiales, en general, deben empoderarse de lo que significa trabajar, hacer negocios y buscar la ganancia en una economía abierta. Ahora tendrán más opciones de exportar, claro está; pero también tendrán más competencia vía materias primas, insumos y productos terminados más económicos y competitivos.
Y en esas nuevas relaciones sector público-sector privado, para adelantar las tareas pendientes, por eso se habla de agenda, en materia de infraestructura, capacitación, innovación, estrategia e investigación de mercados, etc, deben tener un papel activo las distintas regiones del país, comenzando por la Región Caribe.
Una economía pro-exportadora, debe tener muy en cuenta a la Costa Atlántica a la hora de planear y decidir la inversión en carreteras, puertos, aeropuertos, nuevas plantes industriales y programas de crédito, mercadeo y capacitación para el sector privado.
El TLC no es puede ver con el criterio centralista y – muchas veces egoísta- que prima en Bogotá; No señor. El mayor crecimiento, la mayor generación de empleo y la ejecución de los programas de este periodo de transición, que puede durar entre año y medio y dos años, deben estar caracterizado por una nueva relación más justa y dinámica entre el centro del país y la periferia. En el TLC la Región Caribe tendrá, que no nos quepa la menor duda, un papel preponderante, comenzando por los puertos de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena.
Capítulo aparte nos merece el tema del futuro del arroz y de la ganadería lechera que tienen un profundo impacto en esta región del Cesar y la Guajira. Muy bien lo ha reconocido el Ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo Salazar, una persona seria y ponderada: “se cometieron ingenuidades”. Pero esas ingenuidades no pueden significar, ni más faltaba, la pérdida de empleo en el sector agropecuario, y en especial en estos subsectores. Y esto no lo pueden permitir nuestra dirigencia gremial y política, comenzando por nuestros congresistas y los gobernadores que resulten elegidos en la Costa el próximo 30 de octubre.

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