La historia del país debe servir para no cometer los mismos errores dos o tres veces. La decisión del presidente Santos de suspender los diálogos de paz que hace dos años se llevan a cabo en Cuba entre negociadores del gobierno y los jefes de la guerrilla de las Farc, debe servir para hacer una revisión a lo que se ha adelantado.
Si bien el secuestro del brigadier general Rubén Darío Álzate, comandante de la Fuerza de Tarea Titán, fue la gota que llenó el vaso de la paciencia del presidente y de los colombianos, no debe ser el hecho que cierre las puertas, con candado por dentro, a la oportunidad de paz más cercana que ha tenido el país después de más de cincuenta años de conflicto.
Se sabía que no era fácil. El presidente Santos lo recordó hace poco en Valledupar, cuando dijo que escogió la negociación en medio del conflicto armado, a pesar de lo doloroso que es. Por eso los diálogos deben seguir, no se pueden echar por la borda los acuerdos logrados y aunque falten los más difíciles por negociar no se debe abandonar el barco.
