Definitivamente es bien cierto el refrán que dice que lo está mal es factible de empeorar. Esto pareciera ser lo que está sucediendo con el sector de la salud en nuestro país, que anda de mal en peor. Hay que advertir que la crisis viene de varias administraciones atrás, que han dejado sobreponer un problema tras otro y los asuntos de fondo se han agravado, por múltiples y variados factores.
En primer lugar, nuevamente debemos volver a insistir en que el sistema tiene problemas estructurales, en su financiamiento, en su organización, en la atención al usuario, la corrupción, entre otros, que amenazan con hacerlo insostenible y colapsar, como bien lo han advertido distintos sectores, incluyendo varias agremiaciones médicas que hace pocas semanas solicitaron al Presidente Juan Manuel Santos su atención, como también la de la Ministra, Beatriz Londoño. Hasta el sol de hoy que sepamos las válidas inquietudes de los médicos no han sido respondidas, ni siquiera por cortesía.
El Presidente Santos y su Ministra, que conoce del tema, deben coger el toro por los cuernos, como se dice popularmente, y limpiar el sistema, antes de iniciar su reordenamiento total, que puede incluir una nueva ley, luego del diagnóstico que se haga. En varias ocasiones hemos advertidos, desde estas mismas páginas, que el sistema adolece de lentitud, corrupción e ineficiencia, algunas de las cuales se pudieran subsanar con una mayor autoridad del Ministerio de Salud, de la Superintendencia Nacional de Salud, entre otras dependencias.
Hay varios estudios que sostienen que con los actuales recursos que el país destina a la salud, sumando los aportes al régimen contributivo, los recursos del régimen subsidiado y otros rubros, se puede disponer de una bolsa suficiente para atender un plan de salud básico, que debe tener en cuenta el perfil demográfico y médico de la sociedad colombiana.
No obstante, hay que desmitificar la idea que existe el sistema de salud perfecto, en donde se le cubre a todos, todas las enfermedades y con la última tecnología. Colombia como país subdesarrollado no puede pretender tener un sistema de salud similar a los de algunos países de Europa, eso no lo ha logrado ni siquiera los Estados Unidos.
En tercer lugar, hay que buscar destrabar el cuello de botella que se ha formado con los recursos financieros del sistema, que hoy están en la banca y en las EPS pero no llegan de manera oportuna a las IPS, que son las instituciones que deben atender a los usuarios. Es urgente reducir los tiempos y los costos de esa intermediación y que el Estado pague a tiempo y propicie acuerdos de pago de las EPS a los prestadores de servicios, para evitar que la falta de recursos siga atentando contra la el acceso oportuno de los usuarios.
Se debe revisar a fondo la ley 100 de 1993, que representó un avance en nuestro sistema de seguridad social y eso no se puede desconocer. Pero llegó la hora de una revisión a fondo, meter en cintura a las EPS y reconocer que el principal eslabón de la cadena son las clínicas y hospitales, que son los que atienden a los pacientes y nos los aseguradores. Es posible que el aseguramiento lo puedan realizar menos empresas que las que hoy se dedican a eso y que, por lo visto, poco le aportan a la cadena y al sistema en general. A este complejo tema nos referiremos en próximos editoriales.
El colapso de la salud (I)
Definitivamente es bien cierto el refrán que dice que lo está mal es factible de empeorar. Esto pareciera ser lo que está sucediendo con el sector de la salud en nuestro país, que anda de mal en peor.
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