Las noticias económicas nuevamente han vuelto a las primeras páginas de los periódicos, en los últimos días. En efecto, la situación de Europa y Estados Unidos, y la gran interrelación entre las dos, ahora con más fuerza por la llamada globalización, ha puesto de moda la llamada “ciencia lúgubre”.
Y aunque esas noticias son presentadas como hechos aislados, y como si fueran obra del azar, la verdad, monda y lironda, es que son resultados de la acción de instituciones y de reglas de juego, leyes y normas, fijadas por los hombres. No es por generación espontánea que está sucediendo lo que está sucediendo, y no se trata de una situación caótica fuera de control de las manos de los hombres que manejan las instituciones de la economía mundial. No señor.
Por el contrario, la historia económica lo que ha demostrado es que, a pesar de no ser esta una ciencia exacta, existe suficiente evidencia empírica de que no es posible vivir al debe por mucho tiempo, que los déficit tiene un límite en su cuantía y en el tiempo, y que las deudas, sean de quien sean, tarde o temprano hay que pagarlas…
Lo que está sucediendo hoy es producto de los excesos de los gobiernos de Europa, que no han sabido explicar a sus ciudadanos que su economía tiene serios problemas de competitividad y que, en un mundo globalizado, el que no puede competir está condenado a perder la batalla por los peleados mercados nacionales.
Con excepción de Alemania y algunas industrias puntuales de otros países de Europa, los vientos de la competitividad soplan por otros lados. De allí que países como España tengan un desempleo superior al 20 por ciento, y en el caso de los jóvenes del 40 por ciento. Los costos y las regulaciones de contratación en el viejo continente le restan competitividad, frente al resto del mundo. En el fondo es el concepto del “Estado del bienestar” el que está en juego…
Adicionalmente, la otra lección amarga es que el gasto público no puede ser ilimitado y las políticas de ajuste deben tener vigencia y aplicación en Europa, y también en los Estados Unidos, como hace algunos años se aplicaron en nuestros países. Los déficits fiscales son un gran negocio para los mercados financieros, y gracias a los mismos se lucran ahorradores e inversores de todas partes del mundo.
De allí que merezcan mucha atención los mensajes que ha emitido el Papa Benedicto XVI, en su reciente visita a España, en el sentido de volver a la economía una ciencia centrada en el hombre, en los problemas de las grandes mayorías y no en las ganancias de unos pocos.
Tiene mucha razón el líder religioso al decir lo que dice, pero, insistimos, estos temas son muy terrenales y las reglas de juego que hoy regulan los mercados financieros del mundo fueron hechas por hombres y las manejan instituciones administradas por personas, y son estas instituciones las llamadas a establecer un nuevo orden en el sistema económico mundial.
En ese sentido, en el plano nacional, es de mucha significación los anuncios del Presidente Santos de coordinar y aunar las políticas económicas y sociales del actual gobierno en la lucha contra la indigencia y la pobreza, que debe ser un compromiso ético de la sociedad colombiana.
La equidad y la solidaridad, también deben ser objetivos de la política económica, en la misma categoría e importancia que el crecimiento económico. En una sociedad con la desigualdad que sufre Colombia es un imperativo.
Y lo mismo se puede decir, con mayor razón, de quienes aspiran a regir los destinos de Valledupar y el Cesar: en nuestros territorios se requieren políticas serias, coherentes y sostenibles, encaminadas a luchar contra la pobreza extrema que afecta a miles de familias y que representa una verdadera bomba social que está detrás, en parte, de la gran inseguridad que nos afecta.
Economía, ética y humanismo
Las noticias económicas nuevamente han vuelto a las primeras páginas de los periódicos, en los últimos días. En efecto, la situación de Europa y Estados Unidos, y la gran interrelación entre las dos, ahora con más fuerza por la llamada globalización, ha puesto de moda la llamada “ciencia lúgubre”. Y aunque esas noticias son presentadas […]
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