EDITORIAL

De tercera categoría

Por cuenta de su desempeño fiscal en 2011, la Contaduría General de la Nación, mediante la Resolución 969 del 30 de noviembre de este año, degradó al municipio de Valledupar a la tercera categoría. En términos prácticos esto significa que la ciudad quedó en el nivel fiscal de un municipio de 40 mil habitantes, cuando […]

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Por cuenta de su desempeño fiscal en 2011, la Contaduría General de la Nación, mediante la Resolución 969 del 30 de noviembre de este año, degradó al municipio de Valledupar a la tercera categoría. En términos prácticos esto significa que la ciudad quedó en el nivel fiscal de un municipio de 40 mil habitantes, cuando en realidad tiene más de 400 mil, y deberá, por tanto, de conformidad con la Ley 617, desmontar la Contraloría Municipal, recortar gastos de funcionamiento y reducir hasta en un 30% los honorarios de concejales.
 
Hay quienes dicen que por hacer parte de un Área Metropolitana, la medida quedará sin efectos. Y el alcalde busca afanosamente mecanismos para evitar que la dolorosa medida entre en vigor. Hacemos votos porque así sea. Pero es necesario reconocer que, desde el 2000 hasta el 2011, las finanzas del municipio han sufrido un grave deterioro que se acentuó en los años de la administración de Luis Fabián Fernández.

Carlos García, en su breve período como alcalde tras la caída de Rubén Carvajal, así se lo hizo a ver a la ciudadanía. Y, poco después de su posesión, el alcalde Socarrás advirtió sobre el grado de deterioro en el que encontró las arcas municipales. La crítica situación lo llevó a hacer el trámite correspondiente para que la capital del Cesar se acoja a un acuerdo de reestructuración que le permitirá refinanciar su deuda y sanear sus finanzas.

Y es que los indicadores fiscales son contundentes: desde el 2003 Valledupar viene presentando serios síntomas de pereza fiscal. Esto quiere decir que en los últimos años, por la mala gestión en el recaudo del predial y el ICA, la capital del Cesar ha dependido, en buena parte, de las transferencias de la nación.
 
Pero durante la administración pasada no sólo se mantuvo esta tendencia en materia de generación de recursos propios sino que se llevaron los niveles de endeudamiento a alturas exorbitantes: mientras en 2009 la deuda del municipio ascendía a $16.203 millones al cierre de 2010 ascendió a $72.685 millones (4,5 veces más). Este nivel de deuda insostenible, que no se compadeció con el nivel de ingresos, lleva al municipio finalmente a la insolvencia.

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