Recientemente el Observatorio del Caribe Colombiano publicó un ranking sobre la competitividad de las ciudades colombianas, haciendo énfasis en las de la Costa Atlántica, estudio en el cual Valledupar salió muy mal librada, en el puesto 21 entre 23, es decir de penúltima, sólo por encima de la ciudad de Riohacha.
El estudio fue recibido con sorpresa y pesimismo por mandatarios, algunos dirigentes gremiales, concejales, líderes y analistas independientes, que recordaron las viejas épocas en las cuales Valledupar era una ciudad admirada y envidiada, cuando la famosa campaña “Valledupar Sorpresa Caribe”.
Ahora, la sorpresa es por el mal estado en que está la ciudad, en muchos frentes. No obstante, en nuestra opinión no deberíamos sorprendernos con el ranking del Observatorio del Caribe, ya que para nadie es un secreto que la ciudad venía padeciendo una crisis de liderazgo y una orfandad administrativa y política, desde hace años. Con el perdón de la expresión, por su vulgaridad, de vainas no estamos peor…
Hoy debemos reconocer que el pueblo, que es la voz de Dios, se equivocó en la elección de varios de sus anteriores alcaldes y concejales. La democracia tiene sus costos y entre esos está la posibilidad de errar; a Bogotá, que es la capital del país, también le pasó con Samuel Moreno. Así es la vida…
Veníamos con una ciudad creciendo sin planeación, sin brújula y sin norte. Además, los vallenatos padecemos una crisis aguda de liderazgo en el sector público y privado, pareciera que el proceso de la parapolítica nos hubiera defenestrado y aparte del Festival de la Leyenda Vallenata, de nuestra música y –ahora- del carbón, nada más tuviéramos que presentarle al país…
La capital del Cesar viene de un proceso de deterioro que hay que detener, a toda costa; hay que hacer un alto en el camino, reflexionar y corregir el rumbo para volver a pensar de manera integral y a largo plazo el futuro de la ciudad, como ha querido hacerlo el Alcalde Fredys Socarrás Reales, al lograr que la ciudad sea incluida en un programa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que busca apoyar la construcción de ciudades competitivas y sostenibles.
Antes de seguir con estas reflexiones, es necesario definir, así sea someramente, qué es competitividad y que es sostenibilidad. El concepto de competitividad es bien amplio y hace referencia a unas cualidades de una ciudad o territorio para atraer inversión y generar riqueza, empleo y desarrollo, para sus habitantes y también para los migrantes, si es del caso. Y el de sostenibilidad hace referencia a un crecimiento ordenado, respetuoso del medio ambiente y de los seres humanos, que deben ser el motivo principal de la proyección de una ciudad.
En este orden de ideas, a partir de los indicadores del Observatorio del Caribe, consideramos necesario un diálogo colectivo para conocer porqué estamos como estamos y cómo podemos salir del atolladero en el que nos encontramos.
El sector público, la empresa privada, los gremios, las universidades, el concejo municipal, los mismos medios de comunicación, podemos realizar un intercambio de ideas sobre todos los aspectos en los que habría que trabajar para construir una ciudad competitiva y sostenible.
La inclusión de Valledupar en el programa del BIB antes mencionado y la creación de una Organización No Gubernamental (ONG), o una fundación al estilo de Probarranquilla, en este caso ProValledupar pueden servir como dos buenos principios para enderezar el rumbo y establecer un nuevo norte. Pero no son suficientes, falta mucho por hacer…
Y más allá de la reconocida decisión del Alcalde actual, que quiere proyectar correctamente la ciudad al futuro, pensando en 20 o 30 años, en nuestro criterio falta una voluntad política colectiva, solidaria, de más vallenatos, de todos los vallenatos, pero principalmente de sus actuales dirigentes y líderes, para rescatar la ciudad y pensarla en grande. Es un reto enorme y es mucho lo que hay por hacer, pero nos preguntamos, ¿si seremos capaces de asumirlo, ya, ahora, con decisión y sentido de nuestro deber histórico?
