El orden público del Cesar no pasa por su mejor momento. Solo en esta semana que acaba de pasar ocurrieron varios hechos que así lo confirman: el secuestro de un geólogo que trabaja para el Sistema Geológico de Colombia, el hurto de ganado en el municipio de Manaure, el hallazgo de una caleta con armas en la zona rural de Valledupar, todos hechos adjudicados a grupos guerrilleros tanto de Farc como del Eln que aún hacen presencia en el departamento.
El panorama es preocupante y más si a esto le sumamos los dos atentados ocurridos en La Guajira contra la subestación eléctrica del municipio de Hatonuevo y la tubería del gaseoducto en Barrancas, que hoy tiene en Valledupar sin el servicio de gas a los conductores de vehículos que funcionan con este combustible. El Cesar en este primer semestre del año ha sido epicentro de varios secuestros, especialmente en el sur del departamento, de donde grupos supuestamente de guerrilla se los llevan con fines económicos.
Las noticias de la marcada presencia de grupos subversivos no solo son exclusivos de los departamentos del centro y sur del país, también ocurren en el Cesar y La Guajira. Campesinos que habitan en la Serranía del Perijá son víctimas constantes del acoso guerrillero, incluso los menores de edad son reclutados forzosamente a las filas guerrillera. Los municipios con límites con este sistema montañoso son los más afectados, no en vano el secuestro y el hurto de ganado ocurrieron allí.
