EDITORIAL

Colombia y su proceso de inserción en la economía

Avanza Colombia en una nueva etapa de inserción en la economía global, en momentos de grandes turbulencias en el contexto internacional. El Presidente Juan Manuel Santos Calderón adelanta una gira por Japón y Corea del Sur, hay un ambiente de optimismo para el Tratado de Libre Comercio (TLC), con Estados Unidos, y también han nuevas […]

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Avanza Colombia en una nueva etapa de inserción en la economía global, en momentos de grandes turbulencias en el contexto internacional. El Presidente Juan Manuel Santos Calderón adelanta una gira por Japón y Corea del Sur, hay un ambiente de optimismo para el Tratado de Libre Comercio (TLC), con Estados Unidos, y también han nuevas y múltiples relaciones comerciales con varios países de Europa y otras partes del mundo.
Hoy, es necesario recordar que fue durante el gobierno del Presidente Liberal, Virgilio Barco Vargas, cuando el país se decidió por un modelo de economía abierta, en remplazo del viejo modelo de sustitución de importaciones que traíamos desde la época del gobierno de Carlos Lleras Restrepo, bajo las tesis económicas de la Cepal (Comisión Económica de América Latina).
Luego, durante el gobierno de César Gaviria Trujillo, y – precisamente- siendo Ministro de Comercio, Juan Manuel Santos Calderón, el país intensificó ese proceso de apertura económica, que – como toda decisión- tiene sus ventajas y desventajas.
Colombia es un país con una gran particularidad, ya que su geografía, su historia, su cultura y su misma estructura económica la permiten tener, simultáneamente, de manera armónica, políticas que estimulen el desarrollo endógeno (es decir hacia dentro) y el desarrollo basado en su comercio exterior.
Y a pesar de que las actuales circunstancias externas puedan que no sean las mejores, hace bien el gobierno del Presidente Santos, junto con su equipo de Ministros, en buscar nuevos mercados para nuestro país en países como Japón y Corea, como punta de lanza para ingresar al Asia, a partir de la gira que realiza esta semana.
El viaje del Presidente Santos coincide con un espaldarazo que el Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, le dio al TLC con Colombia, cuando presentó un plan para generar empleo masivo, en desarrollo de su política de reactivación a la cansada economía del país del norte. Según funcionarios del Gobierno de Obama, ahora sí se contaría con los votos necesarios para sacar el Tratado adelante. Ojalá y esta vez sea.
En este mismo sentido, es digno de analizar y evaluar, la propuesta que ha hecho el presidente de la Asociación Nacional de Exportadores (Analdex), Javier Díaz Molina, en el sentido que el país se proponga como objetivo nacional triplicar su actual nivel de exportaciones en los próximos diez años.
Conociendo a Díaz Molina como un dirigente gremial estudioso y serio, suponemos que tendrá buenos soportes técnicos para esbozar su propuesta, que debería convertirse, en serio, en un propósito nacional. No obstante, el país tendría que vencer muchos obstáculos para lograr semejante reto que, insistimos, compartimos plenamente.
El primer cuello de botella que le vemos a la misma es el tema de las malas carreteras que tenemos, entre otras serias limitaciones en materia de infraestructura. Con las actuales vías y con los costos que implican las mismas, el país no puede pensar en serio en un proyecto de aumento y diversificación de nuestras exportaciones.
En segundo término, está el tema de la productividad de algunos de nuestros sectores y los limitantes que tiene nuestra mano de obra en materia de capacitación, costos, eficiencia y competitividad. En este tema el país tiene una tarea inmensa y sobre la misma no se puede llamar a engaños. Ese proceso de globalización debe ir de la mano de una verdadera revolución en materia de capacitación y educación.
En tercer lugar, el país no puede echar de lado una situación cada vez más palpable y es el mayor peso del sector minero en la economía, con el riesgo que esto implica en materia de revaluación, como lo estamos viviendo y la posibilidad de que, de volverse crónica, suframos lo que los técnicos llaman la “enfermedad holandesa”, es decir los sectores exportadores fundamentados en recursos naturales desplazan y afectan a otros sectores.
No obstante todo lo anterior, consideramos que Colombia debe persistir en un modelo de economía abierta, siempre y cuando establezca políticas públicas encaminadas a afrontar los problemas antes señalados, y –fundamentalmente- involucre a las regiones en ese gran proyecto, a partir de las potencialidades de cada una, en el caso nuestro teniendo en cuenta la vocación agropecuaria del Cesar y su cercanía con Venezuela.

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