EDITORIAL

Colombia y la visita de Obama

Una visita relámpago, de médico, como se dice popularmente, fue la que realizó el Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, a tres países de América Latina: Brasil, Chile y El Salvador, por lo que no se puede considerar una visita a la región como tal. Obama inició su gira por Brasil, la economía y […]

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Una visita relámpago, de médico, como se dice popularmente, fue la que realizó el Presidente de los Estados Unidos, Barak Obama, a tres países de América Latina: Brasil, Chile y El Salvador, por lo que no se puede considerar una visita a la región como tal.
Obama inició su gira por Brasil, la economía y la democracia más grande de la Región, un país con un enorme potencial económico y con una gran capacidad de crecimiento interno, pero también con una gran pobreza y problemas sociales serios, incluyendo el problema del narcotráfico y consumo interno de drogas.
En Brasil, debió decidir sobre apoyar la intervención en Libia y en comparación elogió la democracia en la tierra de la samba y el buen futbol. La escogencia de Brasil representa un reconocimiento al liderazgo de ese país en el resto de América Latina y sin duda es positivo que se fortalezcan las relaciones comerciales entre estas dos naciones.
El segundo país escogido para la corta gira fue Chile, considerada la nación modelo en la aplicación de las ideas del modelo neo-liberal, que ha logrado unas altas tasas de crecimiento económico en los últimos años y una sustancial reducción de la pobreza y la marginalidad, que hoy son paradigma en el resto de la Región.
Y el tercero El Salvador, que sufre los mismos problemas de la gran mayoría de los países de América Central, como la pobreza, el desempleo, problemas de violación de los derechos humanos y de inseguridad. Además, es un país que tiene una de las colonias de latinos más grandes de los Estados Unidos.

Obama ha dicho que América Latina adquiere, cada vez más, una mayor importancia en la economía mundial; es una zona con una clase media en expansión y con muchos países con mercados atractivos para la inversión norteamericana.
No obstante, a pesar de ser un subcontinente con el cual tienen tantos temas comunes y – se podría pensar- un interés geopolítico especial, el gobierno del Presidente demócrata e hijo de inmigrantes africanos sigue mirando a esta parte del mundo de una manera despectiva, en proporción a los temas e intereses recíprocos.
No deja de generar suspicacia que no hubiera visitado a Colombia, país que se considera uno de sus principales aliados en la región, principalmente en materia de la lucha contra al narcotráfico y el terrorismo. A México ya había ido, al comienzo de su mandato.
A riesgos de sonar lastimeros, consideramos que América Latina, en general, y Colombia, en particular, merecen un mejor trato por parte de los Estados Unidos. En el caso de nuestro país no sólo por razones políticas, somos uno de sus principales aliados en la zona Andina, sino por razones humanitarias, en consideración al conflicto que padecemos, asociado – de una u otra manera- al problema del narcotráfico.
No se justifica que, a estas alturas, luego de cinco años, varios congresistas de los Estados Unidos, todavía estén haciéndole nuevos reparos al Tratado de Libre Comercio, TLC, instrumento vital para fortalecer las relaciones comerciales entre los dos países y clave para el desarrollo de nuestro sector exportador.
El gobierno del Presidente Obama debería dar señales más claras de apoyo a Colombia en materia comercial, con la ratificación pronta del Tratado; esta sería una señal política que serviría para ratificar la trascendencia de las relaciones entre los dos países y reconocerle a Colombia una mayor importancia y un tratamiento más digno.

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