Hay optimismo en el alto gobierno, luego de conocerse las cifras sobre el comportamiento del mercado laboral, y en particular de la tasa de desempleo en el mes de agosto.
En efecto, una de las metas del gobierno del Presidente Santos era que el desempleo bajara del 10 por ciento, y en el octavo mes del año la tasa promedio nacional de desempleo se ubicó en el 9,7 por ciento.
Es una buena noticia y confirma una tendencia positiva, como lo ha señalado el director del Dane, Jorge Bustamante. El guarismo confirma que la economía colombiana pasa por un buen momento y ojalá el mismo se mantenga, no obstante la crisis económica de Europa y la situación preocupante de la economía de Estados Unidos.
Sin embargo, consideramos que podría ser mejor el panorama si el gobierno agilizara la ejecución del gasto público y se estimulara, como se ha previsto, las locomotoras de la construcción de infraestructura y de vivienda de interés, en las grandes capitales, como es el caso de Bogotá.
A pesar del optimismo y el parte de victoria de funcionarios como el Ministro de Trabajo, Rafael Pardo Rueda, lo cierto es que Colombia requiere hacer grandes esfuerzos para estimular la inversión intensiva en mano de obra y remover algunos obstáculos jurídicos e institucionales a la creación de empleo. Inclusive revisar la tributación y el tema de los llamados aportes parafiscales.
Y en el plano local, es decir cuando volvemos a pensar en Valledupar y el Cesar, insistimos en que es necesario fomentar programas que estimulen la generación de empleo, como la vivienda y en particular la de interés social. En el departamento, la agilización de la construcción de vías y el apoyo a los cultivos semestrales sería de buena ayuda para reducir el desempleo.
