Los datos catastrales y de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria muestran que el 76,16 % del departamento del Cesar está dentro de la frontera agrícola. Son 1.6 millones de hectáreas habilitadas para el trabajo en el campo, divididas en 33.744 predios.
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En términos prácticos, esto significa que tres de cada cuatro hectáreas del departamento tienen vía libre legal y ambiental para ser cultivadas o usadas para la cría de animales. Es la línea oficial que define dónde está permitido producir y crecer económicamente, separando estas tierras de las áreas protegidas, como reservas naturales o zonas de conservación, que el Estado prohíbe intervenir.
De esta porción de tierra aprovechable, el 97 % tiene un uso exclusivamente agropecuario, lo que equivale a más de 1,64 millones de hectáreas. Los terrenos destinados a vivienda, bosque, agricultura exclusiva o industria no llegan al 2 % del área total. En su mayoría, estas tierras se dedican a la ganadería extensiva y a la siembra de cultivos como la palma de aceite, arroz y cultivos de pancoger.
La tierra concentrada
La distribución de estos terrenos marca una brecha en el mapa. La mayor cantidad de área está concentrada en propiedades de 200 a 500 hectáreas, las cuales suman 358.134 hectáreas en todo el Cesar. Le siguen los bloques de fincas de entre 100 y 200 hectáreas, y los de 50 a 100.
Si se observan las fincas de mayor tamaño, es decir, aquellas que superan las 100 hectáreas, se encuentra que representan apenas el 11,2 % del total de predios en el Cesar. Sin embargo, esta reducida porción de propiedades concentra el 61,7 % de toda el área agrícola del departamento.
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La brecha se hace aún más evidente al mirar la cúspide de las cifras. Las grandes haciendas que sobrepasan las 200 hectáreas son solo el 4,4 % de las propiedades registradas, pero abarcan casi la mitad del territorio útil, acaparando un 42,8 % del área total.
Del otro lado de la balanza están los predios pequeños. Si se suman todas las propiedades de hasta cinco hectáreas, los registros muestran a más de 9.500 dueños, pero en extensión apenas alcanzan unas 10.800 hectáreas. En otras palabras, el grueso del suelo productivo del departamento está bajo el control de pocos dueños, quienes tienen la capacidad territorial para la producción a gran escala.







