17 septiembre, 2018

Dos ministros, un solo dolor de cabeza para Duque

La designación de los ministros de Defensa, Guillermo Botero y de Hacienda, Alberto Carrasquilla, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el Presidente Iván Duque, cada semana tiene que apagar los incendios por sus declaraciones destempladas, denuncias de corrupción o conflicto de intereses. Botero, excultivador de flores, se ha movido muy bien […]

La designación de los ministros de Defensa, Guillermo Botero y de Hacienda, Alberto Carrasquilla, se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el Presidente Iván Duque, cada semana tiene que apagar los incendios por sus declaraciones destempladas, denuncias de corrupción o conflicto de intereses.

Botero, excultivador de flores, se ha movido muy bien en el mundo de los comerciantes, no cayó muy bien en el alto mando militar, fue presidente de Fenalco y su mayor carta de presentación para llegar al ministerio fue ser enemigo del expresidente Juan Manuel Santos y además, contar con la bendición de la vicepresidenta Marta Lucia Ramírez; en cuanto a su experiencia en el campo militar; ni siquiera prestó el servicio y no sabe lo que es cargar un fusil; Botero puede saber de promociones de cucos o temas asociados al comercio y la canasta familiar, pero de defensa nacional, geopolítica, estrategia militar y liderazgo para motivar y dirigir una tropa no tiene idea; su principal falla es que es deslenguado y comete torpezas, perfectas para armar alboroto mediático y de paso, le dan munición a la oposición para atacar al gobierno. Un ejemplo fue decir que había que regular la protesta social, al día siguiente de haberse posesionado y un mes después, sin despeinarse, complementa con que dicha protesta está financiada por grupos al margen de la ley; Botero es un ministro del pasado, perdido en un gobierno de tecnócratas que quieren proyectar dinamismo y resultados inmediatos, no sabe cómo organizar sus ideas, sin hoja de ruta y menos en tiempos de posconflicto, tiene un desgaste altísimo y se nota lento y poco ajustado a la realidad política y militar del país, es más, se está manejando peor que el saliente, Luis Carlos Villegas, que ya es mucho decir.

En cuanto a Alberto Carrasquilla, la cosa es mucho peor, es muy amigo del presidente Duque, un neoliberal clásico, godo ortodoxo que ya pasó por el ministerio en tiempos de Uribe y demostró ser poco social, sobre todo en el tema del salario mínimo, de entrada salió con la perla de aplicarle IVA a la canasta familiar, lo que causó un tsunami en la opinión, no tiene filtro a la hora de lanzar propuestas para aumentar impuestos y prepara una reforma tributaria regresiva y salvaje que impactará con mayor fuerza a la clase media y a los sectores vulnerables; mientras aparece como evasor en los papeles de Panamá, pero lo más grave son las denuncias que hizo el columnista Daniel Coronel acerca de los bonos Carrasquilla que empobrecieron a 117 municipios y enriquecieron a su compañía, por lo tanto a él, lo tienen aportas de una moción de censura en el Congreso, que se frota las manos por escuchar sus explicaciones, hasta ahora insuficientes, y todavía falta por revelar algunas tramas de su compañía con la Fiduprevisora, Saludcoop, Cafesalud y Medimás.

El presidente Duque tiene la última palabra, si mantiene a este par de ministros que parecen moscas en leche en su gobierno, para dar un timonazo que recupere su buena imagen y mantengan la gobernabilidad que tanto necesita para adelantar las grandes reformas que exige el país.

Por Jacobo Solano C.
@JACOBOSOLANOC