Desde hace siglos al pueblo entregado y sumiso le han vendido la sanguinaria idea de exterminar y acabar al que no piense igual que a ellos, ya sea de un lado o del otro. Los poderosos se han dado cuenta y percatado de que esa táctica ha dado resultados y los ignorantes e incautos fanáticos seguidores de bando y bando, están listos para morir y hasta matar a sus hermanos, inmolándose física y moralmente también, creyendo que al final tendrán una vida mejor.
Esto, mis queridos lectores, no solo se da en la religión, pues la política putrefacta ha permeado y penetrado las conciencias de los hombres, endiosando a otros hombres con el propósito insano de propiciar crueles choques entre ellos, incitando a funestos choques, a la guerra y hasta la muerte. Como bien escribe un buen amigo mío, ¿es esa la finalidad de las religiones y de la política?
Da tristeza leer en los chats y en las diferentes redes sociales, en los que aún estamos algunas veces por simple e imbécil masoquismo, notas que destilan odio de los que las integran, pobres seres, que creyendo que el reenvío de éstas, muchas veces falsas o denominadas Fake News, logran imponer sus vanos argumentos e inanes posturas y creen que se hacen más fuertes ante los demás, jactándose por supuesto, de ser seres pensantes superiores a los demás, demostrando todo lo contrario, pues, actúan inducidos y estimulados por sus bajas emociones y elementales instintos. Ignorantes de turno que actúan cegados por un malsano fanatismo inducidos por aquellos que manipulan sus mentes transmitiendo falsas expectativas ante las crisis que ellos mismos provocan y generan.
Aquellos que sufren del síndrome de ausencia del poder, como lo he denominado, alimentan el odio en los corazones de sus seguidores hacia todos los demás, echando leña al fuego que atizan de manera irresponsable cuando ven que sus argumentos se ahogan en la verdad y realidades que pueden transformar nuestra deteriorada sociedad. ¿Qué les cuesta hacerse a un lado y permitir que un aliento de esperanza soplado por quienes desean la paz y la unidad nos refresque el rostro? Pero no. Es preferible para muchos dividir, pues con ello se mantiene unidos a los borregos que balan sin saber cuál es el sonido de la muerte que emiten, yendo al sacrificio imparable de forma estúpida.
Tal vez, incluso, prefieren odiar antes que amar, así no se arriesgan por temor a la hipocresía y al engaño o a ser traicionados como ellos lo hacen, o quizás teman, de igual forma, sufrir las vicisitudes inherentes cuando se anda por el noble sendero de la armonía, el amor y la paz, buscando ser mejores seres humanos. Sienten la angustia de sufrir ante la impotencia de no poder actuar con libertad, moviendo las masas que pretenden reclutar utilizando argumentos falsos y engañosos en pro de sus intereses.
Creo que todas las personas soñamos con un mundo mejor, unidos, no divididos, en donde impere la paz y la armonía, en donde la convivencia sea sana y el desarrollo de nuestros pueblos permita alcanzar un bienestar anhelado, nos ideamos cosas que pretendemos hacerlas realidades, luchamos por ellas, eso sí, pero que esa lucha sea contra adversidades naturales más no humanas. En anteriores oportunidades he escrito que muchas palabras se están susurrando, que muchas súplicas y oraciones se rezan al aire indiferente, ¿cuánto amor vibra en cada hora de los días y las noches que van pasando y transcurriendo en nuestras vidas?, y, ¿quién nos puede decir que todos estos deseos son impotentes si nuestras voluntades arden en lo más hondo de nuestras almas y no miden las distancias cuando de alcanzar metas se trata?
Nuestras almas fusionadas con nuestros cuerpos no dejan de esforzarse por atisbar entre la oscuridad las imágenes de un mundo maravilloso, en donde es mejor andar unidos y en donde también es mejor amar que odiar a nuestros hermanos. Si todos uniéramos nuestros pensamientos y armáramos un tren que atraviese con ellos los túneles del sueño, tal vez lograríamos vivir en paz, confiando nuestros sueños a los demás, sin temor a despertarnos con la agonía de la traición, la desesperanza y la desunión, porque siempre será mejor para el alma unir que dividir y amar que odiar.
Por: Jairo Mejía.







