Darío llegó a Valledupar como emprendedor. Se enamoró del centro de la ciudad, vio su potencial y tuvo el ‘cabezazo’ de crear junto a unos socios -que no tuvieron su persistencia para atenderlo personalmente-, el Café Plaza Mayor.
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Innovó e inició una oferta musical distinta contra el querer de algunos vecinos, que no entendieron que las plazas del mundo se acompañan de una buena terraza y un buen café. Poco a poco fue ganando la clientela y a quienes embrujaba el valle, sus historias y su cultura posaban su paso en el nuevo establecimiento.











