Siempre he sostenido que no canto, no bailo ni toco ningún instrumento, solo soy un observador de la cultura riana, es decir, la de los pueblos de la Depresión Momposina; ello me ha dado una perspectiva de ver el fenómeno en forma cercana para reflexionarlo desde afuera, sin apasionamiento.
Mi visión es menos visceral y tiene algo de racional en cuanto me atengo a lo que veo, lo que observo. Hoy deseo exponer en este texto una inquietud que no solo toca los aspectos músico-danzarios de la Depresión Momposina, sino de la costa Caribe, por cuanto es repetitiva la acción o el dicho de quienes no están de acuerdo con la cultura vernácula y quieren en algunos casos cambiarla, y en otros reemplazarla, quitando de tajo lo terrígena.
Por la extensión del texto me referiré solo a La Tambora, pero bien se puede aplicar a otras formas musicales de la costa Caribe colombiana.











