Ha muerto una ilustre y gran matrona sandiegana y de la antigua provincia de Padilla, hija de Silvestre Guerra y María Cecilia Murgas, casada con Arturo Araujo Redondo y madre de Yolanda, Mayresol, Margladys, Cecilia, Carlos Lleras, Darío, Arturo, Argemiro y Aarón, y de sus nietos y sobrinas, a quienes crió y ayudó a educarse como una buena madre de familia.
Fue líder y guía de una hermosa familia. En su casa, las puertas y su patio siempre estuvieron abiertos para las famosas parrandas vallenatas, adornadas por sus queridas hijas, especialmente Mayresol, morena, hermosa y princesa de San Diego, que inspiró a los poetas y juglares vallenatos para cantarles versos y canciones, como La morenita sandiegana, del maestro Calixto Ochoa.
En su casa, siempre alegre y bullanguera, amable y amiguera, se escucharon los acordeones, cajas y guacharacas de los grandes y legendarios juglares del vallenato: desde Juan Muñoz, con la puya «Cuando el tigre está en la cueva»; la caja resonante de Pichocho; los versos picarescos de la piquería de Francisco «El Negro Calde» y del Monito Arzuaga; el inolvidable maestro Rafael Escalona; el trío Las Tres Guitarras, de Hugo Araújo, Antonio Brahin y Juan Calderón; Leandro Díaz, su hijo Ibo y los acordeones del viejo Emiliano Zuleta, Toño Salas, el Pollo Luis Enrique Martínez, Alfredo Gutiérrez, los hermanos López Gutiérrez, Colacho Mendoza y los jóvenes Jaime y Lucas Dangond; los hijos de Palminita, con los cuentos parranderos de Andrés Becerra, Poncho Cotes y Alfonso Murgas; los versos y las poesías de Margladys; el acordeón de Uber Araújo; la guitarra y voz ronca y melodiosa de Amalfi Araújo, y la voz sonora y promisoria del vallenato de Carlos Lleras.











