Se deshojaba el calendario del venturoso 1963. La guerra fría de un mundo dividido, era el temario obligado en nuestras aulas de bachillerato. La Revolución Cubana, la crisis de los misiles; los coléricos discursos en la ONU del premier soviético Nikita Krushchov; el asesinato de Kennedy en Dallas; las dictaduras militares de Latinoamérica, eran partes de nuestros debates que, caída la tarde, hacíamos en las gradas del pedestal de una virgen de yeso, en vecindades del Hotel de Turismo, hoy desaparecido.
Los polemistas de tales horas eran Armando Gnecco Hernández, Jorge Eliécer Quintero, Jaime Daza Rincones, Alberto Castro Baute, Jorge Saade Mejía y yo, entre otros.
Para ese tiempo existía una vitalidad cultural en nuestro Colegio Loperena que apadrinaba Miguel Maldonado Manjarrez, profesor de Castellano. Le dimos vida a un periódico tabloide que titulamos El Lopereno.











