En el prólogo a la edición conmemorativa de sus libros ‘Pasión vagabunda’ y ‘He visto la noche’, publicada por el Ministerio de Cultura en el 2000, Germán Espinosa se pregunta si “¿Era Manuel un escritor que erraba por el planeta o, más bien, un errabundo que comenzó a escribir para narrar sus errancias?” La respuesta es evidente: Manuel Zapata Olivella era un escritor de cuerpo entero.
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Basta revisar que mientras escribía ‘Changó, el gran putas’ – tal como lo señala Darío Henao, en el prólogo a este libro (2010) -, Zapata aprovechó una visita a Senegal en 1974 para pasar una noche en la fortaleza de Isla Goré, desde donde los esclavos africanos eran enviados a América. Su propósito: permanecer desnudo en aquella fortaleza solitaria, sentir el frío, la cercanía de alacranes y ratas, revivir en carne propia la angustia de sus ancestros la noche previa a un viaje negrero, para poder relatarlo en su novela.











