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Cuando busco lo que no encontraré

La vida es una faena constante en la búsqueda de cosas que, en apariencia, son las que han de engrandecer nuestra alma y espíritu.

Cuando busco lo que no encontraré

Cuando busco lo que no encontraré

Por: Jairo

@el_pilon

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La vida es una faena constante en la búsqueda de cosas que, en apariencia, son las que han de engrandecer nuestra alma y espíritu. En dicha búsqueda, muchas veces se escucha el silencio entre los gritos y el bullicio de la gente que pretende ser oída, pero no escucha, creyendo que si gritan y levantan la voz —altaneras y violentas como armas que golpean—, ocasionarán mil ecos de una falsa hipocresía que buscan extender.

Son ilusos de utopías violentas y pesadillas, más que de sueños… de aquellos buenos sueños que alientan la esperanza. Sin embargo, cada día despertamos aferrados a ella, buscando lo que quizás no encontraremos. Algunos buscarán la tranquilidad en un bocado de alimento que les sacie el hambre; otros, una gota de agua que les calme la sed ante el inclemente verano de solidaridad que muchos enfrentan. Habrá otros que solo buscarán el abrazo honesto de un amigo que les cause el placer de sentir que no están solos en este mundo que se deshumaniza cada día un poco más.

Pero todos, creería —sin excepción—, nos levantamos con el optimismo de que cada día las cosas cambiarán. Un optimismo de voluntades cargado de deseos en los que no solo procuramos bienestar para nosotros, sino para todos los que nos rodean, en especial nuestras familias. Queremos olvidar, tal vez, el último pensamiento que tuvimos antes de dormir: “que las cosas no salieron como deseábamos ese día que termina”.

Sin embargo, la esperanza intacta hay que mantenerla. Y aunque nos cueste apartar la mirada de aquello que nos desagrade y que nos topamos en nuestro diario andar, debemos ser fuertes en nuestros deseos y propósitos para seguir avanzando. No debemos caer en el pensamiento fatalista de aquel soñador que eterniza un sueño de un mundo deshumanizado, que se desvanece día a día entre la niebla de la indiferencia y la distancia marcada por el egoísmo.

Hoy, no solo los invito a leer como simples lectores. También los invito, como seres humanos empáticos, a vivir nuestras vidas cargadas de buenos sueños —cargadas de dramas, sin duda—, pero en donde, en un breve intervalo de tiempo, podemos asistir al nacimiento inesperado de un nuevo histórico para todos, empezando por nosotros mismos.

Tal vez, muchas veces, ha sido mi intención llevarlos —como lectores que son— a través de mis palabras a mi propio mundo. Un mundo ideal que concibo más con el deseo que enfrentando la realidad que vivimos. Y no puedo negar tampoco que he pretendido, más de una vez, seducirlos y elevarlos hacia una perspectiva en la que apreciemos la trágica dignidad del hecho humano, el cual merece todo nuestro respeto y empatía.

En nuestra búsqueda por hallar lo que quizás no encontraremos, debemos dejarnos guiar por aquellos valores y gestos que apuntan a lo extraordinario, a la grandeza de lo que somos: seres humanos que sueñan entre pesadillas, pero que anhelan cada día la tranquilidad del espíritu. No debemos mirar atrás para apreciar lo que dejamos. No, mis queridos lectores. Tal vez cargaremos el recuerdo del pasado por tiempos inmemorables, pero también —tal vez— el susurro de aquel recuerdo que dejamos atrás nos permita escuchar, así mismo, el aliento para avanzar en un mar de sueños, sin voltear a mirar la orilla que dejamos al zarpar.

Cada día debemos levantarnos para escribir una nueva historia: una impredecible, pero viva, esperando ser escrita por nosotros, los protagonistas de nuestro propio destino. Abandonando nuestras angustias y dejándolas regadas en la misma espuma del mar que, en las olas que apreciamos con nostalgia, sabemos que rompe el casco de nuestra nave cuando avanzamos con el firme propósito de ser mejores hombres cada día. A pesar de nuestros errores y caídas —que harán parte de nuestra historia, sin duda— nos enseñan y nos dejan la experiencia, la que debemos aprovechar para nuestro bienestar y progreso, comprendiendo la profunda relación existente entre las circunstancias de crisis y el gesto de nuestras voluntades.

Por lo anterior, mis apreciados lectores, aunque no hallemos lo que buscamos, estaremos mucho más tranquilos al final de la jornada de haber hecho y buscado lo que debíamos hacer y buscar.

Por: Jairo Mejía.

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