CRÓNICA

Crónica: Los fantasmas del general

Eran fantasmas del pasado que con él vivían. Por muchos días había estado malhumorado en un terco silencio cundo le llegó la nueva de la muerte del general Francisco de Miranda, sepultado vivo en un calabozo de La Carraca, tenebroso presidio de Cádiz. Ese era el recuerdo que más le dolía.

Añadir como fuente preferida en Google
Crónica: Los fantasmas del general

Crónica: Los fantasmas del general

Por: Rodolfo

@el_pilon

canal de WhatsApp

Una tisana de ortiga blanca sorbía de una taza de porcelana inglesa el general. Con una envoltura de tela de liencillo, como un turbante mal hecho, arropaba su cabeza, según la medicación de un galeno de sus regimientos acuartelados en Lima.

En las horas de la primera madrugada, la fiebre le había repetido y por eso sus ojos estaban enrojecidos de insomnio. Dos días atrás la hemorragia nasal le había parado. Una nativa de Pativilca, el pueblo peruano donde estuvo postrado de tabardillo o mal de insolación, dos años antes, le había atajado el sangrado con compresas de vino agrio sobre el arco de la nariz, y remediado el desgano de comida con caldos de cilantrillo, menudencias de aves de corral en majaduras de ají panga con miel de trapiche. 

Desde entonces el general acudía a tales medicamentos para remediar los dos males. Esa mañana del 26 de marzo de 1826 estaba allí en ese trance de convaleciente en compañía de Antonio Leocadio Guzmán, un joven venezolano educado en Madrid, que sentado en una silla frailera estaba al pie de su cama ornada con dosel de raso blanco.

Sigue leyendo

Crea tu cuenta para leer el artículo completo

Desbloquea el resto de la historia e inicia sesión para seguir leyendo sin interrupciones.

Temas tratados
  • Batalla de Boyacá
  • General Bolívar
  • independencia de colombia

TE PUEDE INTERESAR