Por Aquilino Cotes Zuleta
Protesta sin acción es algo así como un amor platónico, algo que solo se podría dar en la imaginación torpe de un ser estático, sin sabor ni olor.
Mis consejeros periodísticos Tío Chiro y Tío Nan no comparten con quienes sostienen que se puede protestar pero sin protestar, menos en un país como el nuestro en donde la corrupción y la politiquería es la base fundamental de una democracia que solo le sirve a unos cuantos, mientras que una inmensa mayoría padece de atropellos, chuzadas, falsos positivos, vejámenes, crímenes e impunidad.






