“El grano se trilla…” (Isaías 28,28)
En una agradable reunión familiar, nos compartía un experto caficultor acerca de los procesos para producir un buen café: comenzando con la selección del grano, la despulpada y secada, el tostado y molido, hasta la preparación. Esto me hacía pensar en que muchos de nosotros no podemos ser usados como alimento para otros, hasta que no hayamos sido trillados en las manos de Cristo.
La expresión “el grano se trilla” hace relación con el hecho de que, muchas veces, pasamos por temporadas o momentos en los que la bendición de Cristo nos es ajena o se convierte en aflicción. Pero, aun así, sigue siendo un privilegio ofrecer nuestras vidas para beneficiar a otros. Las cosas más valiosas de este mundo han llegado a nosotros por medio de lágrimas y sufrimientos. En la metáfora del café, para producir un buen café —en sabor y aroma— es necesario ser molido en los molinos de Dios; que, aunque en ocasiones muelen lento, siempre muelen fino.






