BITÁCORA
Por: Oscar Ariza
Cuando Gabriel García Márquez, en Cien Años de Soledad, se refirió a Macondo, habló de cómo el mundo era tan reciente que las cosas carecían de nombre y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Semejante forma de mostrar cómo la lengua nos expone a un hecho siempre nuevo, aunque ya en otra parte del mundo se haya inventado.
Esto es posible, porque nuestra creatividad sobrepasa la realidad, porque el hombre caribeño, por su tendencia a carnavalizar la cultura, sigue reinventando la lengua como una forma de mantenerse vivo y sostener nuestra enorme tendencia a reformar lo que ya existe.






