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Entre miedos y sueños: la voz de la juventud

No quería dejar pasar el mes de la juventud sin alzar la voz. Hablo como joven, como ese joven que alguna vez fuiste, o que quizá aún llevas dentro. Como aquel que sueña, que trabaja, que se arriesga, pero que también siente miedo, mucho miedo.

Entre miedos y sueños: la voz de la juventud

Entre miedos y sueños: la voz de la juventud

Por: Sara

@el_pilon

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No quería dejar pasar el mes de la juventud sin alzar la voz. Hablo como joven, como ese joven que alguna vez fuiste, o que quizá aún llevas dentro. Como aquel que sueña, que trabaja, que se arriesga, pero que también siente miedo, mucho miedo.

Me tomé la tarea de preguntar qué significa ser joven. Muchos dicen: “La mejor etapa de la vida”. ¿La mejor? ¿De verdad? Ser joven no es solo tener libertades ni días sin preocupaciones. Lo más curioso es que quienes hoy ocupan cargos, toman decisiones o lideran empresas, alguna vez fueron jóvenes como nosotros. Quizá también cargaron con estas preguntas, pero se les olvida.

Es triste, sí. Parece que somos los jóvenes quienes cargamos con esta agonía: ¿se cumplirán nuestros sueños? ¿Lograremos crear empresa? ¿Valdrá la pena? ¿Tendremos un trabajo estable? ¿Construiremos una familia? ¿Compraremos una casa?

Tenemos miedo ante un país que parece ofrecer oportunidades solo a quienes tienen contactos, miedo ante un país donde salir de tu ciudad es un privilegio, y quienes no pueden se quedan invisibles o “conformes”, miedo ante la discriminación por no ser “del interior” ni pertenecer a las grandes capitales.

Colombia es un país multicultural; solo en el Cesar conviven siete comunidades indígenas, además de comunidades afro, desplazados y migrantes. Y aun desde nuestra región se marcan grandes brechas. ¿Por qué no se valoran los factores diferenciales de cada territorio? ¿Por qué quienes somos de ciudades pequeñas sentimos que nuestras oportunidades están limitadas? Si aquí cuesta tanto, ¿qué esperar a nivel nacional o internacional?

Pocos jóvenes salen del país, pero muchos lo sueñan. Y no queremos que lo hagan solo para buscar oportunidades afuera; queremos construirlas aquí. Queremos demostrar que tenemos talento y que podemos dar frutos sin abandonar nuestras raíces.

No queremos ser jóvenes frustrados ocupando cualquier puesto por necesidad; queremos trabajar en lo que nos hemos preparado, en nuestros saberes y fortalezas. Pedimos oportunidades de verdad; porque mientras muchos nos preparamos con sacrificio, otros ocupan lugares sin la formación ni el compromiso necesario. No se trata de negar que alguien pueda crecer con suerte, sino de exigir justicia e imparcialidad: que el mérito, el conocimiento y el talento tengan peso.

Queremos que nuestro territorio desarrolle progreso social y económico acorde con su cultura, música y biodiversidad. Pero también tenemos capital humano excelente en ciencia, tecnología, investigación y liderazgo. Todos podemos aportar desde lo que somos y sabemos, para que nuestra región y el país prosperen sin perder identidad.

Sí, somos quienes sentimos el peso del pasado y presente en medio de tantas crisis sociales, económicas y ambientales. Somos quienes cargamos con la historia inconclusa de quienes vinieron antes, pero también quienes podemos reconstruir el tejido social.

Hoy hago un llamado a quienes soñamos con cargos y espacios de decisión: cuando llegues, mira atrás. Mira de dónde vienes, no te vuelvas igual, mantente firme en tus principios, transforma desde tu lugar, tu territorio y tus valores. Que tu llegada no sea para continuar con los mismos vicios, sino para abrir puertas a quienes sueñan desde lo que son y hacen.

Ser joven hoy es asumir la responsabilidad de cambiar, es levantar la voz, es arar el camino para otros. Es transformar nuestro territorio, nuestra región, nuestro país.

Entre miedos y sueños estamos los jóvenes que sienten, sufren, cuestionan, piensan diferente y no se conforman, jóvenes que queremos un país donde los sueños no dependan de tener contactos ni del entorno en que nacimos, sino de nuestra voluntad, talento y pasión por transformar.

POR: SARA MONTERO.

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