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El poeta Denis en Valledupar

EL TINAJERO Por José Atuesta Mindiola Los poetas Pedro Olivella Solano y Álvaro Maestre, quienes lideran la propuesta de organizar el Capítulo de Escritores del Cesar, gestionaron con la Administración Departamental la venida a Valledupar del poeta Fernando Denis, una de las nuevas voces de la lírica colombiana, quien ofreció en la Biblioteca ‘Rafael Carrillo […]

El poeta Denis en Valledupar

El poeta Denis en Valledupar

Por: José

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EL TINAJERO

Por José Atuesta Mindiola

Los poetas Pedro Olivella Solano y Álvaro Maestre, quienes lideran la propuesta de organizar el Capítulo de Escritores del Cesar, gestionaron con la Administración Departamental la venida a Valledupar del poeta Fernando Denis, una de las nuevas voces de la lírica colombiana, quien ofreció en la Biblioteca ‘Rafael Carrillo Lúquez’, un recital de su reciente libro, La Geometría del Agua.

Fernando Denis es de Ciénaga, Magdalena; hijo de una madre de 13 años, analfabeta, a quien conoció a los 10 porque lo criaron una abuela, también analfabeta, y un padre con dos años de primaria apenas; refugiado desde su infancia en los libros, que le mitigaban la soledad y le poblaron la memoria de  imágenes, colores y de la sonoridad del lenguaje que abrieron el sendero de la poesía, que empezó a escribir a los 10 años. Y fue capaz, mientras en las tardes de su niñez corría por la playa, de detenerse a mirar los crepúsculos de la ciénaga para identificarlos después en la obra de Turner, pintor al que descubrió en un poema de Borges que lo llevó a buscar sus cuadros, de cuya contemplación surgió su bello libro de poesía ‘La Criatura Invisible en los Crepúsculos de William Turner’, 1997. (Según la crítica literaria, uno de los mejores libros de poemas del siglo XX en Colombia).

Fernando Denis se confiesa un hombre habitado por el agua; al decir de Orlando Fals Borda, un fiel representante de la cultura anfibia. Denis desde muy niño manifiesta una multitud de inconformidades literarias, y al mismo tiempo quiere abarcar toda la poesía en un puñado de belleza. Compenetra la poesía con la pintura, como un puente mágico lleno de colores y de mucho esplendor que le ayuda a reflexionar sobre la imagen, sobre la vida privada de las imágenes.
El escritor William Ospina, dice acerca  Denis: “Tiene 40 años, pero sigue siendo lo que son todos los poetas: un niño que juega con las palabras, que inventa sonoridades desconocidas, rebeliones contra el hábito, incandescencias inesperadas con el apacible metal del lenguaje”.
Lleno de referencias eruditas, conocedor apasionado de Rossetti y de Swinburne, de Dickens y de Andersen, de Coleridge y de William Morris, ha reconocido en ellos su pasión por las atmósferas góticas, por los claroscuros siniestros, por los frescos oníricos que mezclan la heráldica de las mitologías con el capricho de los sueños.
Denis le debe poco a sus contemporáneos y mucho a Borges, a Aurelio Arturo, a Antonio Colinas, y sobre todo a sus ingleses. A los oros de William Turner, a las estrellas de Van Gogh; a las penumbras grandes de Piranesi, y hasta a las doncellas de John William Waterhouse o a los tapices de centauros de Morris. Hay en sus versos destellos de Chesterton, al que pocos saben apreciar como poeta; cadencias de Rossetti, y urdimbres de T. S. Eliot, pero lo que mueve su estilo es un ritmo poderoso y una desconcertante libertad.
Y agrega, Ospina: “Mucho tiempo la vida fue avara con él, pero la poesía llenaba de brillo su lenguaje. Ahora a los críticos les tocará descubrir cuál es el misterio de esas ciénagas en cuyas orillas nacieron García Márquez y Fernando Denis, qué cantan las sirenas de La Mojana, cómo convergen sobre seres de origen humilde los mitos y las músicas”.

He aquí un fragmento del poema, La dama de sal:

La flor del pez se oscurece.
En el reloj del agua duerme
la cóncava luz que mueve
sus agujas de hielo.
La espada se disuelve,
su nombre convertido en una ola
ya es también hierro enfadado
bajo la luna de agua.
Y mientras el mar teje su museo,
su colección de auroras y de noches,
la dama de sal se yergue, ingrávida,
y permanece inmóvil junto al abismo
insondable con su leyenda:
Yo soy el mar. Y el agua va
y viene con mis recuerdos.

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