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El perfume de Maleb

Por Leonardo José Maya * Para Leonardo y Alejandro Maya Hoyos Ella buscaba un novio rico o bien parecido -o mejor  ambos-  hasta que se encontró con nosotros, éramos el grupito duro del colegio: mister Goyo,  el mejor, le decíamos el profe porque sabía de todo, hasta álgebra;  estaba  Jimmy, el atleta, veloz de pensamiento […]

El perfume de Maleb

El perfume de Maleb

Por: Leonardo

@el_pilon

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Por Leonardo José Maya *

Para Leonardo y Alejandro Maya Hoyos
Ella buscaba un novio rico o bien parecido -o mejor  ambos-  hasta que se encontró con nosotros, éramos el grupito duro del colegio: mister Goyo,  el mejor, le decíamos el profe porque sabía de todo, hasta álgebra;  estaba  Jimmy, el atleta, veloz de pensamiento y experto en resolver cualquier obstáculo, el millonario turco Maleb y Alfredo Guillén; le decíamos el poeta pero en realidad era aprendiz de compositor, más tarde se convertiría en un poeta extraordinario.

Cargábamos una botellita que a duras penas habíamos comprado entre todos. Recuerdo bien que el turco esa noche tenía un olor exquisito a perfume caro, era tan bueno que todos le pasamos las manos por la camisa y nos perfumamos  también.
Yo no se cómo fue que  llegamos a esa fiesta.  Había una monita de vestido ajustado y piernas flaquitas que no bailaba con nadie, se le notaba su altivez hasta en la mirada, peor aún, no lo miraba a uno. Clavaba los ojos en el piso como si estuviera contando baldosas y tenía un sofisticado estilo para sentarse que ya lo quisiera tener la mismísima princesa de Inglaterra.
Al primero que despachó de plano fue al poeta, la invitó a bailar y lo dejó plantado con la mano extendida y sin decirle una sola palabra, un rato después envalentonado con los tragos, lo intenté yo pero me fue peor.
-ni lo sueñes, me dijo sin mirarme.
El Jimmy, quedó más lastimado que nosotros  así que decidió tomar venganza por semejante desprecio a sus amigos.
No se cómo hizo pero se apareció con una botella de agua helada – señorita aquí le manda mi patrón, le dijo señalando a Maleb. Ella abrió la puerta de par en par –y quien es él? Jimmy se despachó – es mi jefe, un turco riquísimo, son importadores de perfumes yo soy el chofer andamos en esa camioneta, ella se interesó, ¿Cuál la roja ?- no… no, la blanca polarizada, en realidad es blindada, en la roja andan los guardaespaldas.
Ella volvió a preguntar- ¿Guardaespaldas? Si, dijo Jimmy sin respirar, son varios ese es uno,  señalando a Goyo, aquel que está allá es otro señalando al poeta y afuera hay como cinco.
– Imagínate, dijo ella amigablemente, que aquel me sacó a bailar, atrevido… El Jimmy le cortó el vuelo- no te preocupes él es así, pero mi patrón lo va echar ahora que regrese de Miami, -Miami?preguntó ella – si, salimos  a las 6 para Barranquilla, tiene vuelo a las 9:30. Entonces la monita no resistió más. Ay, preséntamelo! le dijo, dándole una palmadita en el hombro.
El Jimmy salió disparado, ella lo veía gesticular con las manos, aparentemente Maleb no estaba interesado pero ella no le quitaba los ojos de encima y se le acercó, mi amigo se levantó enseguida y la saludó con una educación esmerada.
Al ratico Maleb estaba echando bueno y tirando pase, la monita feliz bailaba fascinada, el turco aceleró el paso y a los 20 minutos estaba en el rincón bailando en una sola baldosa. Nosotros nos alternábamos para llevarle el trago con una reverencia tan elaborada como fingida.
En una de esas me tocó a mí llevárselo y escuché al turco mencionando perfumes finos como el mejor experto y le prometía que le iba a regalar no sé cuántos de última moda.
-Esta fragancia  que tengo –dijo, agarrándose el cuello-  también viene para damas –es de Versace, remató.
Muy pronto la  monita estaba obnubilada bailando de lo lindo y envuelta en  perfumes exóticos. De pronto el Jimmy dio la voz de alarma, ¡arranquemos de aquí! todos fuimos saliendo rápidamente, corran, corran gritaba, paramos a las tres cuadras, entonces nos explicó: las camionetas donde supuestamente andábamos se habían ido y casi todos en la fiesta creían que eran nuestras.
La monita desde la ventana buscaba con desespero a su amigo rico, lo que ella no sabía era que el millonario turco Maleb había llegado a las 8 de la noche a una perfumería de la novena, preguntó por los perfumes más costosos, se perfumó lo que quiso, anotó nombres  y prometió volver  al día siguiente para comprarlos, además, no era turco no se llamaba Maleb ni era ningún millonario. Se había puesto ese nombre en otra fiesta para pasar de rico y se lo dejamos para toda la vida.
* Concejal de Valledupar.

ljmaya93@hotmail.com

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