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El milagro de Singapur: lecciones de hierro y esperanza para Colombia

Hay historias que se graban en la historia con tinta indeleble. Una de ellas es la de Singapur, un pequeño país-isla, sin recursos naturales, rodeado de incertidumbre, azotado por la pobreza y la corrupción, que logró lo impensable: en una sola generación pasó de ser un país del Tercer Mundo a una de las potencias económicas más admiradas del planeta. Y lo hizo a través del arma más poderosa que existe: el liderazgo férreo y visionario.

Ranking de candidatos presidenciales 2026: Fajardo lidera el listado por capacidad de gobierno.

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Hay historias que se graban en la historia con tinta indeleble. Una de ellas es la de Singapur, un pequeño país-isla, sin recursos naturales, rodeado de incertidumbre, azotado por la pobreza y la corrupción, que logró lo impensable: en una sola generación pasó de ser un país del Tercer Mundo a una de las potencias económicas más admiradas del planeta. Y lo hizo a través del arma más poderosa que existe: el liderazgo férreo y visionario.

La figura que cambió la historia fue Lee Kuan Yew, su primer ministro fundador, un hombre que comprendió, como lo dijo alguna vez Platón, que “el precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”. Lee no se desentendió ni por un segundo. Gobernó por más de tres décadas con mano firme, con medidas que para muchos rozaban el autoritarismo, pero que eran, en el fondo, un acto de amor inquebrantable por su país.

Implementó leyes estrictas, erradicó la corrupción desde sus raíces más profundas, e instauró un orden social y jurídico que hoy parece una utopía en países como el nuestro. “Si quieres saber cómo vencer la corrupción, comienza por castigar con el mismo rigor al ladrón de cuello blanco que al de la calle”, decía Lee con una contundencia que hoy resuena como un eco lejano en los pasillos del Congreso colombiano.

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