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De sueño a pesadilla americana

La dignidad es el límite que separa el respeto de la humillación, se infiere como premisa, luego del agarrón entre el presidente de los colombianos, Gustavo Petro y su par Donald Trump, tinglado que tuvo como detonante las deportaciones de connacionales esposados y encadenados, amarga experiencia que refrenda el viejo adagio: “Cada gallo canta en su gallinero”.

De sueño a pesadilla americana

De sueño a pesadilla americana

Por: Miguel

@el_pilon

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La dignidad es el límite que separa el respeto de la humillación, se infiere como premisa, luego del agarrón entre el presidente de los colombianos, Gustavo Petro y su par Donald Trump, tinglado que tuvo como detonante las deportaciones de connacionales esposados y encadenados, amarga experiencia que refrenda el viejo adagio: “Cada gallo canta en su gallinero”.

El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, calificó como beneficiosa para su país la decisión del Gobierno colombiano de enviar el avión presidencial para recoger a ciudadanos deportados desde Estados Unidos, medida que lejos de perjudicar al país del norte representa un ahorro para los contribuyentes norteamericanos.

He ahí el contraste entre el legislador estadounidense, con mentalidad de negocio y el presidente de Colombia con visión de dignidad y valoración de los derechos humanos sobre cualquier consideración económica.

El sentido común es la piedra angular para gobernar del nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cauteloso porque cada dólar que gastemos, cada programa que financiemos, cada política que sigamos debe justificarse en tres acciones: ¿hacer más seguro a Estados Unidos? ¿Hacerlo más fuerte? ¿Hacerlo más próspero?.

Bien pensado, porque estamos llegando al final de una era, al final de los tiempos. Así como se terminaron los imperios de la antigüedad persa, griego, romano, es el momento del final del imperio americano. Hoy USA definirá con qué nombre construye su final porque estas elecciones marcarán un punto de quiebre.

La cultura occidental se ha apoyado en gran parte en el estilo de vida americano, rotulado como ‘el sueño americano’, detrás del cual ciudadanos del mundo anhelan llegar a Estados Unidos, buscando esa fantasía. El sueño americano puede definirse de muchas maneras, pero es obvio que la calidad de vida construida en “tener dinero” es el motor principal de este anhelo. ¿A qué precio? No preguntes tonterías… eso no importa. 

Es el billete lo que invade el espíritu de lo que significa el sueño americano. Y por conseguirlo, hasta la vida puede arriesgarse.

Pero voces venidas de miles de lugares e ideologías, apuntan a que hay que modificar el rumbo. Economistas, psicólogos, ambientalistas, filósofos, empresarios, planificadores, personas de todos lados del espectro, lanzan un grito unánime: hay que cambiar, la economía no puede ser la prioridad del humano. 

No quiere decir que no sea importante pero el dinero no puede seguir siendo el motor de vida ni individual, ni regional, ni mundial.

El equilibrio entre las diferentes miradas es indispensable para sobrevivir en el planeta tierra. Entonces estamos llegando al final de una era, al final de los tiempos. 

Estados Unidos es el representante prioritario de ese estilo de vida, que está colapsando. Y allí, en su territorio, se está gestando el caos. Impacta que sea entre ellos y con ellos, donde se esté tocando fondo. No fue ningún agente externo, ningún enemigo foráneo, el que los llevó a este momento. El monstruo se gestó en sus entrañas. Y por más que cierren y blinden fronteras, es adentro donde está el enemigo.

¡Qué paradoja! Ni árabes, ni latinos, ni rusos, ni musulmanes… ellos mismos, polarizados, divididos, enfrentados al desplome de su cultura, de su estilo de vida. En busca de dinero, la compulsión por el trabajo confundió prioridades y entonces los lazos familiares, sus hijos, sus emociones, pasaron a la trastienda y hoy enfrentan una crisis desmesurada. 

Las masacres, el costo de ‘armarse’ hasta los dientes, el miedo y la falta de educación, pasaron factura. Bruce Lipton, padre de la epigenética, dice que en 20 años habrá terminado este período de la humanidad. El final de este tiempo que obliga a quienes sobrevivan, a un estilo de prioridades distinto.

Es obvio que la polarización ya creó la imposibilidad de una calidad de vida donde se respete y se conviva con la diferencia. 

Ahora lo diferente será peligroso y el miedo se convertirá en la consigna que marcará el rumbo. El miedo es un fantasma que enloquece y confunde, no puedes obrar con mesura. La confusión es hija del miedo, pero reina en el caos. La mesa está servida y abierta la compuerta de la duda, la suposición y la mentira, no tendrás nada de que agarrarte, nada afuera generará confianza. Tu vecino es tu potencial enemigo. Aun más, los tuyos, diferentes, también serán peligrosos.

¿Imaginas un fin más angustiante? El final de los tiempos, no el final de la humanidad, es una opción de esperanza para el cambio, aun cuando hay sufrimiento, desesperanza y angustia. Hoy, USA, sólo coloca el nombre para ese final y lo sentiremos en todo el mundo. ¡Inevitable, de sueño a pesadilla americana!

Por: Miguel Aroca Yepes.

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