En un mundo donde la inmediatez y lo efímero parecen gobernar nuestras interacciones, es esencial detenernos y reflexionar sobre lo que realmente estamos transmitiendo. Cada día competimos por seguidores, likes, y la atención de una audiencia que consume información a un ritmo vertiginoso. Sin embargo, más allá de la carrera por la visibilidad, debemos recordar nuestra responsabilidad colectiva: la de informar bien y transmitir mensajes que construyan.
El pasado viernes, junto a mi compañera de la Tertulia Valledupar, Maria Fernanda Góngora, tuvimos la oportunidad de dictar un seminario en UparSistem. Fue una experiencia enriquecedora, donde pudimos compartir conocimientos sobre los nuevos formatos digitales. Pero lo más valioso fue el espacio de reflexión que se generó. Conversamos sobre la importancia de que los mensajes trasciendan y de que lo que comunicamos esté arraigado en nuestras pasiones y en un deseo genuino de impactar positivamente a quienes nos escuchan o leen.
En un panorama donde las noticias parecen centrarse en lo negativo —suicidios, la crisis de salud mental, y tragedias baturales— nos enfrentamos a una urgente necesidad de cambiar el tono de la conversación. Como sociedad, debemos asumir la tarea de transmitir información que no solo sea veraz, sino también positiva, que inspire y que nos impulse a construir un mejor futuro. No se trata de ignorar la realidad, sino de encaminar nuestros esfuerzos hacia un mensaje que aporte y eduque.






