EL TINAJERO
Por: José Atuesta Mindiola
El amor a la vida es la mejor manera de protegerla. Cuando alguien se abraza y dice es que yo me quiero mucho, no es narcisismo lo que está expresando, es la forma lúdica de celebrar y cantarse así mismo, como lo proclama el poeta Walt Whitman: “Me celebro y me canto a mí mismo. Mi salud es perfecta. Y con mi aliento puro, comienzo a cantar hoy y no terminaré mi canto hasta que muera”.
Dicen los cantores que cuando la salud es perfecta, el cuerpo y el espíritu están en armonía, las cosas fluyen por caminos luminosos y el tiempo sólo existe para vivir y cantar; no hay espacio para el desamor ni la sinrazón de la violencia. Si se ama a Dios, se cree en su poder y en la importancia de sus bendiciones el corazón se llena de fortaleza para vencer las tribulaciones que asedian los pensamientos con oscuros laberintos.
Aunque en ocasiones, existen circunstancias adversas muy poderosas que causan depresión, como la soledad, la pérdida de un ser querido, la difícil situación económica y algunos malestares físicos, y entonces por momentos se calla el cantor; no se conjugan la palabra y el canto, la idea no florece en el verso, y el amor parece alejarse, y si no hay amor no canto. Si el ocaso de su inspiración es una sombra y el silencio definitivo se ve venir; sus colegas solidarios y afectuosos, con arengas y canciones coadyuvan a la reanimación para que el cantor vuelva con su canto.
La mejor terapia para la vida y el canto es el amor. El amor nunca sobra. Un abrazo sincero, una palabra de afecto, un gesto solidario pueden ser el apoyo necesario para guiarnos a cruzar el puente que nos libera de las ataduras obnubiladas de la depresión.
A manera de síntesis, podemos afirmar que la depresión puede afectar a los cantores con el silencio y la muerte poética; ¿pero cómo afecta a los adolescentes? Los expertos explican que en ellos el estado anímico depresivo es común debido a: El proceso normal de la pubertad y el estrés que ésta presenta, los conflictos de independencia con los padres, la baja autoestima y el escaso control sobre los acontecimientos negativos, como el abuso sexual o el maltrato y dificultades en el aprendizaje. También puede ser una reacción a un suceso perturbador: La muerte de un amigo o pariente, la ruptura con la novia o novio y el fracaso en la escuela.
La depresión cambia la forma como los adolescentes se ven a sí mismos y a sus vidas, así como las personas en torno a ellos, y por lo general ven todo más negativamente y son incapaces de imaginar que cualquier problema o situación se puede resolver de un modo positivo. Algunos o todos estos síntomas pueden estar presentes: Cambios en el apetito, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, fatiga, pérdida del interés o el placer en actividades que alguna vez eran divertidas y pensar o hablar acerca del suicidio o la muerte.
En esta época, los padres tienen que ser cuidadosos frente a las situaciones de reprobación del año escolar de los hijos; la educación es una responsabilidad compartida de la institución, el hogar y el estudiante. La lógica natural, si el joven reprobó el año, los padres deben persuadir que lo mejor es repetirlo, eso le sirve de experiencia. Nada de maltrato físico ni castigos aberrantes.
CELEBRA LA VIDA
Celebra y canta a ti mismo,
respetando a los demás,
no te detengas jamás
en la sombra del egoísmo.
Piensa y vive en optimismo.
Disfruta la vida es bella,
evita toda querella
que te aleje la amistad;
el amor es la verdad
y es tu mejor estrella.
JOSE ATUESTA MENDIOLA







