En algún momento dijo sabiamente el Papa Francisco: “Yo le tengo pánico a los salvadores de la patria entre comillas, un político que no tenga historia, un político de laboratorio, …, entonces en la política cuál es tu historia, cuál es tu pertenencia …”, palabras que cobran extremada importancia a pocos días de enfrentar la segunda vuelta presidencial, en este país del Sagrado Corazón.
Buscando la historia de Abelardo De la Espriella, recuerdo al hoy candidato en un apartamento del norte de Bogotá, cuando era ‘Papucho De la Espriella’, lo conocí como colaborador del maestro Iván Villazón en sus labores folclóricas y administrativas de la recién creada Valdupari Records, sello disquero del cantante. Fanfarrón como el que más, su inmenso deseo de hacerse notar rayaba en fantochada perniciosa.
Tal vez esa actitud imprudente, vanidosa y su inclinación metrosexual, sumado a que nunca pasó por su cabeza que podría ser candidato presidencial, lo llevó a públicamente profesar su ateísmo circunstancial, a considerar atrocidades con gatos como simples pilatunas juveniles, a pomposamente utilizar atuendos y poses gansteriles o a despreciar la cocina criolla, base de la alimentación de muchas regiones del país. Dice un amigo que este candidato es como un pitillo, “plástico por fuera y vacío por dentro”.






